El mundo es un disco plano, rodeado por el mar en todo su perímetro. Los gigantes viven en los márgenes del mundo, a orillas de los mares más profundos. Para mantener a raya a los gigantes, Odín, Vili y Ve construyeron una muralla con las pestañas de Ymir en torno a la región central del mundo. Al lugar delimitado por el muro lo llamaron Midgard.
Midgard estaba vacío. Sus tierras eran hermosas, pero nadie caminaba por sus prados, ni pescaba en sus ríos de agua clara. Nadie exploraba sus abruptas montañas, ni levantaba la vista para contemplar las nubes.
Odín, Vili y Ve sabían que un mundo no es realmente un mundo si no está poblado. Anduvieron por todas partes en busca de alguien que lo habitara, pero no encontraron a nadie. Al final, en una playa pedregosa junto al mar, hallaron dos troncos que la marea había depositado en la orilla. El primero era un tronco de fresno. El fresno es un árbol hermoso y resistente, de raíces profundas. Su madera se deja tallar y no se agrieta ni se
parte. Con madera de fresno se hacen buenos mangos de instrumentos o el asta de una lanza. El segundo tronco que hallaron en la playa, tan cerca del primero que casi se tocaban, era de olmo. El olmo es un árbol grácil, pero su madera es tan firme que con ella se pueden fabricar vigas y tablones de gran dureza. Con madera de olmo se pueden construir hermosas casas y fortalezas.
Los dioses levantaron los dos troncos y los colocaron verticales sobre la arena, altos como dos seres humanos. Odín se acercó y les insufló vida, primero a uno y después al otro. De inmediato dejaron de ser maderos muertos y abandonados en la playa. Cobraron vida. Vili les dio la voluntad. Les confirió inteligencia y ambición. Entonces pudieron moverse y desear. Ve talló los troncos. Les dio forma humana. Les labró orejas, para que pudieran oír; ojos, para que pudieran ver; y labios, para que pudieran hablar. Los dos troncos de pie en la playa eran dos personas desnudas. Ve les había esculpido los genitales: masculinos a uno y femeninos al otro. Los tres hermanos fabricaron ropa para que el hombre y la mujer se cubrieran y no tiritaran, salpicados por la espuma del mar, en aquella playa en los márgenes del mundo.
Por último, dieron nombres a los dos seres que habían creado. Al hombre lo llamaron Ask, porque éste es el nombre del fresno en las lenguas nórdicas, y a la mujer Embla, por el nombre del olmo.
Ask y Embla fueron el padre y la madre de todos nosotros. Cada ser humano debe su vida a sus padres, que a su vez deben su vida a los suyos. Si retrocedemos lo suficiente, los antepasados de todos nosotros son Ask y Embla.
Embla y Ask se quedaron en Midgard, seguros y protegidos detrás de la muralla levantada por los dioses con las pestañas de Ymir. En Midgard construyeron su hogar, a salvo de los gigantes, de los monstruos y de todos los peligros que acechan en los páramos desolados. Allí pudieron criar en paz a sus hijos.
Por eso se dice que Odín es el padre de todos. Porque fue el padre de los dioses e insufló la vida a los tatarabuelos de nuestros tatarabuelos. Tanto si somos dioses como si somos mortales, Odín es el padre de todos nosotros.

FUENTE: «Mitos Nórdicos». Neil Gaiman. (2017).



