Ygdrassill y las Sagradas Fuentes de la Sabiduría

Yggdrasill se traduce como “el que exige reverencia” (pero es más comúnmente traducido como “el caballo terrible”), y es otro nombre para el dios Heimdallr (“árbol del mundo”, “árbol sobre la morada”). El árbol de la vida está ubicado en el túmulo mortuorio; su copa se estira en el aire, el reino de los espíritus (Âsgarðr), y sus raíces llegan hasta Hel; su tronco se encuentra en el Medio, en la Tierra Media (Miðgarðr). Tiene tres raíces, y cada una se alimenta de un pozo sagrado. Estos pozos llevan los nombres de Urðarbrunnr (“la fuente del honor/la reputación”), Mîmisbrunnr (“La fuente de la memoria/los recuerdos”) y Hvergelmir (“corriente del año”, “corriente de aire de un año” o más probablemente “corriente del pasado” o “corriente de aire del pasado”).

Treskilon

En el túmulo no se cortaba el pasto, no se recolectaban hierbas ni se talaban árboles, y no se le permitía pastar a ningún animal. Estos túmulos se cercaban para mantener fuera a los animales. Era un lugar sagrado, un lugar entre el mundo de los vivos (Âsgarðr) y el de los muertos (Hel). Era la Tierra Media (Miðgarðr).

Triquetra

Sí… los académicos aún no han llegado a esa conclusión; Obviamente Âsgarðr  es nuestro mundo. ¡Los dioses somos nosotros! Miðgarðr es solamente el nombre del lugar de entierro, que está dentro de la cerca, en que el hombre mora  entre la vida y la muerte, esperando el renacimiento. Al interior del panteón se le llama Valhöll; el salón de los elegidos/caídos.

Un árbol de la vida que fuera fuerte era probablemente visto como algo bueno. Cuanto más alto, viejo y grande era el árbol, más importante sería el hombre dentro del túmulo. Más viejo sería. Más veces renacería. Más honor y reputación habría podido obtener. Más recuerdos habría dejado atrás. Más “corriente del pasado” podría haber encontrado dentro del túmulo.

Su morada bajo el árbol era el Valhöll, el salón de los elegidos/caídos, y como sabemos este es el salón de Ôðinn. Cada una de las tres raíces y los pozos sagradas están ubicadas en el Valhöll. Tal como a Þôrr se le conoce por su martillo que vuela por los aires, simbólicamente representado como una cruz gamada (“Swastika” en sánscrito), Ôðinn es conocido por si trisquel, alias triqueta alias Valknot (más moderno); un retrato de las tres raíces, los tres apoyos sobre los que se alza el árbol de la vida, los tres pozos o fuentes sagradas.

En Dinamarca hay una piedra rúnica, la Piedra de Snoldelev, famosa por su simbolismo Odínico y el siguiente texto: kunuAlts stAin sunaR ruHalts þulaR o salHauku(m), que los investigadores (…) han traducido como “la piedra de Gunnvaldr, hijo de Hrôaldr, declamador de Salhaugar”. Para saber más sobre suinterpretación pueden hacer click aquí. Probablemente, sin embargo, podría traducirse así: “la piedra de Gunnvaldr, hijo de Hrôaldr, sabio del salón de la colina (mortuoria)”. En otras palabras, Gunnvaldr, hijo de Hrôaldr, era un hombre con un Hamingja y se encontraba dentro de la colina mortuoria. La piedra rúnica era su Yggdrasill; un marcador para mostrarle a los demás dónde estaba enterrado y qué tan honorable era –posiblemente sólo para mostrar el camino a su tumba.

Símbolo de los 3 cuernos de beber en la Piedra de Snoldelev

Un þulr, cuya forma en proto-Nórdico es þulaR, era un erudito, un escaldo, un hombre sabio, pero el significado original de la palabra era “discurso/sermón” o “larga sucesión de palabras”, lo que claramente cabe como anillo al dedo si consideramos cómo era conducido elrito de paso. Necesitaban aprender una larga sucesión de palabras, las canciones sagradas, y entenderlas para pasar la prueba (y entonces convertirse en un þulr). Entonces, el honorable Gunnvaldr había pasado la prueba, y ahora yacía dentro, esperando para renacer.

Ustedes pueden preguntarse qué demonios están haciendo los académicos, cuando casi siempre fallan en comprender los temas que estudian, y lo siento, pero no puedo ayudarlos a entender. Me tiene tan desconcertado como a ustedes. 

FUENTE: https://hermandadpagana.wordpress.com/2013/06/19/yggdrasill-y-las-sagradas-fuentes-de-sabiduria/

Los Menhires Aún se Alzan

Como hombre Pagano rechazo el concepto Cristiano de la vergüenza y humildad en relación a nuestros antepasados. Cualquier cosa mala que nuestros antepasados ​​hicieran ya no está aquí, pero todo lo bueno que hicieron siempre estará con nosotros. No sólo debemos estar orgullosos de nosotros mismos, en privado, sino también activamente hacer todo lo posible para preservar su memoria. Nosotros somos ellos, porque venimos de ellos y llevamos con nosotros, no sólo su ADN, sino también su espíritu. Vivimos para añadir más al Honor de nuestros antepasados​​, pues nosotros mismos somos ellos.

Los Judeo-cristianos llamarían a esto «fanfarronadas», pero ¿por qué habría de importarnos lo que éstos miserables, ignorantes, esclavos judio -adoradores puedan pensar de nuestras creencias? Nosotros debemos jactamos de nuestro origen, si sentimos que tenemos una razón para ello ¡y cualquier gran hombre en tu familia es por supuesto una buena razón! ¡Brag! ¡Dinos de quién procedes, qué bienes realizaron , lo que lograron! Si lo haces ¡así también nos dirás quién eres tú!

Los Europeos no eran (originalmente) definidos por su comercio, sino por el lugar de donde procedían, los nombres de sus padres y (más tarde) sus nombres de propiedades de familia (Ôðal) – y finalmente
en la era Cristiana, por su comercio.

En el pasado Pagano así era como se saludaban entre extranjeros; ellos mostraban sus manos vacías de armas, si venian en son de paz, deseaban a los extranjeros suerte y alegría, y les hablaban acerca de quiénes eran. Les daban sus nombres, los nombres de sus padres y de dónde venian, y con frecuencia también los nombres de sus abuelos y de los grandes y famosos hombres de su familia. Eran honestos, valientes y orgullosos! ¿Por qué deberiamos ser diferentes hoy? 

FUENTE: https://hermandadpagana.wordpress.com/2013/06/26/los-menhires-aun-se-alzan/

Do et Des

Nuestra forma de percibir el pasado está muy torcida, distorsionada, dañada y arruinada por los Judeo-Cristianos. Éstos tienen su biblia hecha por el hombre, y cualquier cosa que no encajase con el contenido de esta biblia fue quemado, aplastado, prohibido, demonizado, escupido y cubierto de mentiras. Es por esto que, frecuentemente, aun pensamos en nuestros antepasados Neandertales como grotescos brutos, y, aún más importante, de todo lo que precede al Judeo-Cristianismo como salvaje, primitivo, irrelevante, vergonzoso y totalmente sin importancia. Lo que sea que haya existido antes no debería importarnos en absoluto. Es más, ¡debería avergonzarnos! El mundo comenzó en el año cero. El Judío-Jesús fue el inicio de todo, o, en el mejor de los casos, Noé y su rebaño de animales.

Para entender correctamente el pasado, debemos deshacernos del prejuicio que tenemos hacia él. Necesitamos abrir nuestras mentes a formas de pensamiento y de ver el mundo alternativas. Debemos aceptar a nuestros ancestros como iguales (e incluso superiores) en todo aspecto. No ha habido “evolución” alguna de nuestra raza, sólo degeneración; ¡somos más tontos que nunca antes! Es particularmente importante deshacernos de todo prejuicio en lo que respecta a conceptos como el de “dios”. ¿Qué es en realidad un “dios”? O más interesante, ¿qué era un “dios” para nuestros ancestros? ¿Qué pensaban sobre este término? ¿Qué fue lo que pusieron en este término? ¿Qué fue “dios” para ellos? ¡¿Es posible que no hayan pensado en absoluto en los dioses como lo hacemos nosotros?! ¡Tal vez hemos entendido incorrectamente toda la mitología de Europa por haber estado cegados por la manera Judeo-Cristiana de pensar!

Un hombre inteligente puede levantar una civilización maravillosa y tecnológicamente avanzada, y un hombre estúpido no sería capaz, pero un hombre aún más inteligente decidiría no construir forma alguna de civilización, pues también es capaz de ver sus consecuencias negativas. Así que, por lo que sabemos, nuestra civilización tecnológicamente avanzada no es el resultado de la evolución, de que el hombre se haya vuelto más inteligente con el tiempo, sino de la degeneración; es el resultado de que el hombre dejó de ser capaz de ver las consecuencias negativas que ese tipo civilización traería consigo.

Alguien podría decir que la civilización y la tecnología moderna ha traído más bien que mal, pero, ¿es así realmente, si la forma en que hoy usamos la tecnología apunta sobre todo a una compensación de la pérdida de nuestras capacidades intelectuales? ¿Será que en el pasado no inventaron cámaras simplemente porque tenían memoria fotográfica? ¿Será que en el pasado no desarrollaron computadores simplemente porque no los necesitaban en absoluto? Hoy en día estas cosas son necesarias, porque somos demasiado estúpidos para memorizar cualquier cosa. Hoy en día apenas somos capaces de hablar nuestros idiomas nativos como corresponde.

De manera que podemos ver el advenimiento de la religión, el arte, la civilización y la cultura no como el resultado de la evolución, sino como el resultado de haber perdido algo, como el resultado del constante desarrollo de nuevas medidas para no perder nuestro acervo y nuestro espíritu; para no perder nuestra mente.

Entonces pregunto nuevamente: ¿cómo definían nuestros mucho más inteligentes ancestros el término “dios”? ¿Cómo fue que crearon este término y que significado tenía para ellos, y cómo debía ser entendido por su descendencia? ¿Fue acaso sólo un medio de preservar algo para las generaciones venideras? ¿Una especie de código?

Bien, lo que tengo por seguro es que no deberíamos tener con nuestros dioses el tipo de relación que tienen los Judeo-Cristianos con su falso “dios” Hebreo. No somos religiosos de la misma forma que ellos. No tenemos fé; en cambio tenemos sabiduría. No tenemos humildad; en cambio tenemos orgullo. No tenemos pecados; en cambio ¡tenemos honor! Nuestros dioses son ventanas al pasado, portales hacia una época en que el hombre era mejor, abiertos para quienes tengan la sabiduría, la confianza y la valentía para salir de la fosa séptica Judeo-Cristiana y adentrarse en ellos. ¡La belleza está justo enfrente de nuestros ojos! Sólo hace falta que los abramos. ¡Sólo hace falta acoger a los dioses de nuestros ancestros!

FUENTE: https://hermandadpagana.wordpress.com/2013/06/15/do-et-des/

Ragnarök: El Destino del Mundo Según los Pueblos Germanos

Antes que nada, es preciso recordar que, para los antiguos, el tiempo se dividía en ciclos. Todos los pueblos indoeuropeos sin excepción reconocían que la “edad dorada” quedaba atrás, y que la edad que les había tocado vivir era la de la disgregación y la degradación. De ese modo, los griegos concibieron una edad de oro, una edad de plata, una de bronce, una “edad de los héroes” (que se corresponde con la época de la guerra de Troya) y finalmente una edad de hierro. Los romanos añadían, al comienzo, una edad de piedra y una de madera.
La misma idea de ciclos excluye una idea “apocalíptica” o de “fin del mundo”, puesto que el fin de un ciclo no es más que el comienzo del siguiente. En la mentalidad de nuestros antepasados, las primeras edades fueron tiempos de justicia, armonía, belleza y sabiduría, que poco a poco se fueron corrompiendo hasta dar lugar a tiempos de traición, de conflictos, de violencia, de deshonor, de olvido de los dioses y de los ritos, de maldad, de materialismo, de mestizaje y de dejarse atrapar por los poderes “oscuros” que se oponen a los dioses.

Para los germanos, la Edad del Lobo, la última de todas las edades, sería un tiempo de guerras y catástrofes, que terminaría en el Ragnarok (“destino de los dioses”, también “oscurecimiento de los dioses”), la “rotura de todos los lazos” (es decir, la anulación de cualquier vínculo, control, restricción o barrera moral, y el regreso al caos primigenio), la destrucción de los nueve mundos, traída por una última guerra desesperada y a muerte entre las potencias divinas y las potencias demoniacas. A esta lucha sobrevivirían algunos dioses y hombres, y con las ruinas de la edad de hierro construirían una nueva edad de oro.

Veamos el lenguaje simbólico elaborada por el instinto subconsciente de los primitivos germanos para poder autoexpresarse y grabarse así en la memoria colectiva germánica. Es necesario volver a aclarar que se trata de algo simbólico, que cada elemento tiene un significado y que en modo alguno ha de tomarse al pie de la letra, como si fuese un simple cuento (del mismo modo, nadie interpreta un sueño de modo literal, sino que procura bucear en los símbolos). No deja de ser revelador que los germanos, una rama indoeuropea en el extremo geográfico opuesto al de los indo-arios, tuviesen un concepto de fin de ciclo muy similar al de sus primos orientales.

El Ragnarok sería precedido por Fibulwinter, un invierno de tres años de duración, en los que muchas personas morirán. Fenrir, el lobo que representa las fuerzas y los instintos caídos fuera de control, extendería el caos, la destrucción y la maldad por el mundo, haciendo que los hombres se corrompan cada vez más. Jormugand, la serpiente marina (un ouroboros que se muerde la cola, y que representa la materia y el tiempo, aquello que contiene al espíritu) que circula la tierra, la invadiría, inundándola con grandes olas y riadas de su veneno. Loki, el dios de sangre impura, causante de discordia y de envidia, romperá sus cadenas y se unirá a las criaturas de Muspelheim (el lugar del fuego, que representa el mundo infrarrojo y las potencias elementales) para combatir a los dioses. Los dos “lobos celestes”, Skoll y Hati (“Asco” y “Odio”) que persiguen al Sol y a la Luna por el firmamento, finalmente les darán alcance y los devorarán.
El mundo se congelará, acabando con muchas vidas. Loki liderará un ataque sobre Asgard, el mundo de los dioses, y en este momento, el Valhala, la sala de los caídos, abrirá sus puertas. El Valhala se ha ido llenando con las almas de los hombres que, elegidos por las valkirias, han caído en combate por causas justas a lo largo de la historia. Con paredes hechas de lanzas de oro, un techo hecho de escudos de oro, y un gran árbol viviente que hacía de pilar central (“eje del mundo”), el Valhala tenía 540 enormes puertas, por cada una de las cuales saldrán, codo con codo, 800 guerreros totalmente armados: 432.000 hombres en total. El cuerno de guerra suena en los nueve mundos, el puente-arcoiris Bifrost (que une el mundo de los dioses con el mundo de los hombres) se derrumba bajo el peso de los gigantes, y tiene lugar, en una llanura llamada Vigrid, la batalla más inmensa jamás vista, que enfrentará a los dioses contra sus enemigos y que ha estado escrita en el destino del mundo desde su misma creación.
Allí, Fenrir, que abre sus mandíbulas tanto que destruye todo lo que hay entre el cielo y el infierno, mata a Odín, pero será a su vez liquidado por Vidar, un hijo de Odín que representa el silencio y la venganza, que es el dios más fuerte después de Thor y mora en los bosques. Con su mano, agarrará el hocico de Fenrir, y colocando su pie sobre su maxilar inferior, le desgarrará la mandíbula. Loki y Heimdal (el dios blanco, depositario de sabiduría y progenitor de la humanidad) se matarán el uno al otro, igual que Garm (el perro del inframundo, reminiscente del Can Cerbero griego) y Tyr (el dios de la guerra, del orden, de la lealtad y del honor). El conocido dios Thor —representante del trueno y de la fertilidad masculina, y principal campeón de los dioses— matará a Jormugand, pero caerá muerto por efecto de su veneno tras dar sólo tres pasos. Surt, el dios del mundo infernal, extenderá el fuego por los nueve mundos, toda vida será aniquilada y la tierra se hundirá en el mar.

 Esto supondría el fin de los hombres y de la vida, y la destrucción de los nueve mundos; pero una pareja humana, Lif (“Vida”) y Lifthrasir (“aquel que quiere la vida”, o “deseo de vivir”), sobrevivirán trepando por el árbol Ygdrasil, el eje del mundo. Refugiados en las ramas del gran árbol, a través de sus hojas “verán cómo muere el Sol y nace de nuevo”. Pasada la batalla y calmada la tempestad, surgirá del mar una nueva tierra, fresca y verde, pletórica de vida, y la pareja la poblará, renovando la civilización humana. Entre los dioses, vivirán Modi (“Encolerizado”) y Magni (“Fuerte”), ambos hijos de Thor. Modi es un dios de la ira de batalla, mientras que Magni se supone el ser más fuerte de toda la Creación, más incluso que su padre. Ambos heredarán Miolnir, el martillo de Thor, que representa el rayo celeste y por tanto la fuerza de los dioses. Baldur, el dios de la belleza, de la luz y del orgullo, que había sido asesinado por Loki, y que se hallaba preso en el inframundo, renacerá. Vidar y Vali (un dios que nació expresamente para vengar la muerte de Baldur) sobrevivirán. Los seres supervivientes encontrarán un tablero de ajedrez (“control sobre el mundo terrenal”) con piezas de oro, y heredarán el papel regio y señorial de los antiguos dioses, en una era de justicia, orden y armonía.

Los germanos, pues, eran pesimistas por concebir la progresiva degeneración de la humanidad, que al tocar fondo desencadenará el despertar de los dioses y una guerra mundial que acabará con el mundo actual tal y como lo conocemos. Sin embargo, el optimismo también se halla representado aquí por la perspectiva de un nuevo renacimiento y un “nuevo comienzo”, cosa que, en cambio, no existe en la tradición cristiana, que concibe un apocalipsis similar al que terminó con Roma, y un juicio final, sin más.

Ragnarök: El Destino de los Dioses

FUENTE: http://europasoberana.blogspot.com/2013/05/el-destino-del-mundo-segun-los-indo.html?m=1

El Berserkergang o Posesión

Antes del combate, los bersekers entraban juntos en un trance llamado berserksgangr o berserkergang. Este trance era el proceso de posesión, para el que no cualquiera estaba preparado, pues su energía podía destrozar el cuerpo del profano. Según la tradición escandinava, tal estado de éxtasis comenzaba con un siniestro escalofrío que recorría el cuerpo del poseído y le ponía los pelos de punta y la piel de gallina. A esto seguía la contracción de los músculos, un premonitorio temblor, el aumento de la presión arterial y de la tensión, y una serie de tics nerviosos en el rostro y en el cuello. La temperatura corporal comenzaba a subir. Las aletas nasales se dilataban. La mandíbula se apretaba y la boca se contraía en una mueca psicótica revelando la dentadura. Luego venía un inquietante rechinar de dientes. El rostro se inflaba y cambiaba de color, acabando en un tono púrpura. Empezaban a echar espuma por la boca [5], a gruñir, a agitarse, a rugir y gritar como animales salvajes, a morder los bordes de sus escudos, a golpear sus cascos y sus escudos con sus armas y a rasgarse la ropa, invadidos por una fiebre que tomaba posesión de ellos y les convertía en una bestia, su ciego instrumento. Presenciar semejante transformación debía ser algo realmente alarmante y angustioso, evocador del más urgente pánico. Era una transformación iniciática en toda regla, y algunos han visto en ella el origen de las leyendas de hombres-lobo.
Tras este proceso, los bersekers recibían el Odr u Od (llamado Wut en Germania y Wod en Inglaterra), la inspiración que Odín concedía a algunos guerreros, iniciados y poetas, tocándoles con la punta de su lanza Gugnir (“estremecedora”). Con ello se convertían en un furioso torbellino de sangre y metal. La fuerza física del “inspirado” por la fiebre Od aumentaba de manera sobrehumana e inexplicable, y también se incrementaban su resistencia, su agresividad y su fanatismo combativo. Desaparecían el dolor, el miedo o la fatiga, y lo que los reemplazaba era una embriagante sensación de voluntad, imparable poder y ganas de destruir, arrasar, matar, aniquilar y derribar. Una buena referencia a la versión celta del berserkergang, la podemos encontrar en “The Táin”, que describe la transformación del héroe Cuchulain antes de las batallas:
El espasmo de furia se apoderó de él: parecía que cada cabello estaba martilleado a su cabeza, pues todos los pelos se le enderezaron verticalmente, y se podría jurar que un punto de fuego coronaba la punta de cada uno. Uno de sus ojos se cerró más estrecho que el ojal de una aguja, y el otro se abrió más ancho que la boca de una copa. Sus mandíbulas se desencajaron hasta las orejas, y sus labios se apartaron revelando sus encías. El halo del héroe ascendió desde la corona de su cabeza.
Los bersekers pasaban a luchar furiosamente sin importarles en absoluto su propia vida o seguridad física. Muchos preferían llevar una espada y un hacha en vez de una sola arma con el escudo [6]. En grupos de doce, cargaban salvajemente contra el enemigo sin importar su inferioridad numérica, y heridas que matarían a cualquiera no los inmutaban lo más mínimo. En casos de defensa contra multitudes avasallantes, formaban un círculo impenetrable desde el cual se batían hasta la muerte del último hombre.

El héroe semi-mítico Ragnar Lothbrock (M. Herrera)

Si nos imaginamos el aspecto de esos hombres cargados de músculos, venas, nervios y tendones, con la cara crispada bajo la piel de la bestia, los fanáticos ojos claros abiertos como platos y brillando con aquel acies oculorum que Julio César y Tácito advirtieron entre los guerreros germanos; los dientes apretados con furia y echando espumarajos, salpicados con sangre enemiga… al instante comprenderemos que aquellos guerreros no tenían nada que ver con el hombre occidental moderno. Esos bersekers eran de la misma sangre que muchos europeos modernos, pero ellos eran hombres que vivían para la guerra, mientras que el occidental medio de nuestros días es un afeminado blando que vive para la paz y, en su miopía, persiste en creer que lo sabe todo sobre el mundo y la vida.
El WutWodeOd o berserkergang era un trance terriblemente intenso y violento, en el que se perdía completamente el control y la razón, y en el que la bestia se liberaba de sus cadenas de hierro para desahogar su claustrofobia y para cabalgar en gloriosa y desbocada libertad por el oscuro y borroso bosque, sin responsabilidades, sin ataduras, sin límites y sin leyes. No sólo se trataba de dejar aflorar a la bestia interior, sino de dejarse poseer por la divinidad absoluta, externa. El cuerpo del guerrero, en manos de estas tempestuosas fuerzas, y totalmente desconectado de la mente racional, era una simple marioneta que apenas daba abasto para plasmar tanta ira.
Los afectados podían estar durante horas e incluso días combatiendo de la manera más furiosa y encarnizada sin pausar un sólo momento. De hecho, gracias a su brutal aportación, a menudo las batallas terminaban demasiado pronto, y los bersekers no podían cesar de combatir, necesitando desahogar su furia, correr sin parar de gritar y descargar sus armas contra árboles, rocas, animales o personas, incluso llegando a atacar a miembros de su mismo ejército (aunque al parecer los bersekers nunca se atacaron entre ellos), ya que en tales estados no distinguían entre amigos y enemigos.
Sin embargo, cuando pasaba el berserkergang, se sumían en un estado de debilidad total, en el que eran incapaces de defenderse ni de tenerse en pie siquiera. Esta resaca duraba varios días, en los que el guerrero debía guardar cama. Según las sagas escandinavas, a menudo sus enemigos aprovechaban para matarles en aquellos momentos. Algunos bersekers, sin haber recibido herida alguna, caían muertos tras la batalla por el sobrehumano esfuerzo realizado: sus cuerpos no estaban preparados para ser instrumentos de la furia divina —al menos durante un tiempo demasiado prolongado. Probablemente se les acortaba la esperanza de vida por muchos años después de cada “sesión” de berserkergang.
Otra cualidad que se atribuía al poseído del berserkergang era el “inutilizar las armas del adversario”, lo cual probablemente implicaba que los bersekers eran tan rápidos, tan invulnerables e inspiraban tal terror en sus enemigos que éstos parecían quedar paralizados de miedo o sus golpes no eran efectivos. Asimismo, es muy probable que el aura de ira desprendida de un grupo de bersekers cargando, fuese “sentida” a una gran distancia por los soldados enemigos como si de una onda expansiva se tratase, tal y como escribió el historiador romano Tácito, hablando de una männerbund germana cuyos miembros se denominaban harii —palabra que entre los iranios e indo-iranios significaba “los rubios”, y que está relacionada con los Einheriar (Aina-Hariya) del Valhala:
En cuanto a los harii, además de superar en fuerza a los pueblos que acabo de enumerar, salvajes como son, sacan el máximo partido de su ferocidad natural valiéndose del arte y de la oportunidad: escudos negros, cuerpos pintados. Para combatir, eligen noches oscuras. Solo el horror y la sombra que acompañaban a esta macabra hueste bastan para llevar el terror. Ningún enemigo puede soportar esta visión extraña e infernal, pues en toda batalla los primeros vencidos son los ojos [7].
Observamos aquí la importancia que tenía la simbología de lo oscuro para estos hombres. La noche es esencial en este simbolismo, pues simboliza la edad oscura, este tenebroso invierno en el que hemos nacido para bien o para mal. El día, con los rayos del sol, el oro, es propicio para la voluntad, para el arrojo, para la lucha consciente, para clavar la lanza en el enemigo, para hundir la espada en la tierra —en una palabra, para poseer, para tomar. El día representa la mano derecha, el orden, el ritual y la “vía seca”. La noche, en cambio, con oscuridad, luna, estrellas, agua y plata, es más propicia a la magia, a un cierto caos, al dejarse tomar, al ser poseído, a alzar las armas al cielo en vez de hundirlas en la tierra y por ello está más relacionada con la mano izquierda y la “vía húmeda”.

Desde que el hombre ya no es un dios, debe luchar para convertirse, al menos, en ciego instrumento de los dioses. Para ello, debe vaciarse de toda individualidad egocéntrica con el fin de permitir el arrebato divino, esto es, “para propiciar que Odín le toque con la punta de su lanza”. Y el primer modo de conseguirlo era mediante la instauración de una severa disciplina, el ascetismo y la organización. Recordemos, con respeto a la importancia de la noche, que el mismo Adolf Hitler habló en “Mi Lucha” sobre la diferencia de efectos que sus discursos conseguían en las muchedumbres por la mañana y por la noche. Para él, las tardes, y especialmente las noches, eran el momento ideal de dar un discurso y de hacer valer su magnetismo. Hagamos notar también que, en las SS, los colores predominantes en los uniformes y en su simbología eran el negro y el plateado. Simbólicamente, se cubrían de noche, de oscuridad, de truenos y de luz lunar y estelar [8].
Quien había sido poseído una vez por el berserkergang estaba ya marcado con una señal de por vida. A partir de entonces, el trance no sólo le venía al ser invocado antes del combate, sino que también podía caer sobre él de repente en momentos de paz y sosiego, transformándole en cuestión de segundos en una bola de odio, adrenalina y gritos infrahumanos en busca de destrucción. Así, la saga de Egil describe cómo el padre de Egil, un berseker, sufrió repentinamente la posesión del berserkergang mientras jugaba pacíficamente a un juego de pelota con su hijo y otro pequeño. El guerrero, horriblemente agitado, y rugiendo como un animal, agarró al amigo de su hijo, lo alzó en el aire y lo estrelló contra el suelo con tanta fuerza que murió en el acto con todos los huesos del cuerpo rotos. Luego se dirigió hacia su propio hijo, pero éste fue salvado por una sirvienta que, a su vez, cayó muerta ante el poseído. En las sagas, las historias de bersekers están salpicadas de tragedias en las que el berserkergang descontrolado se vuelve contra los seres más allegados al poseso. Si hubiese que encontrar un equivalente griego, lo tendríamos en la figura de Hércules, quien durante un ataque de ira mató a golpes a su propia esposa Megara y a los dos hijos que tenía con ella, lo cual motivó sus 12 tareas como “penitencia” para expiar su pecado.
En el ámbito de la mitología tenemos muchos ejemplos de la furia de los bersekers. La saga del rey Hrolf habla del héroe berseker Bjarki, que combatía por dicho rey y que en una batalla se transformó en un oso. Este oso mató a más enemigos que los cinco campeones selectos del rey. Las flechas y las armas rebotaban de él, y derribó a hombres y caballos de las fuerzas del enemigo rey Hjorvard, desgarrando con los dientes y las garras cualquier cosa que se interpusiera en su camino, de tal modo que el pánico se apoderó del ejército enemigo, disgregando sus filas caóticamente. Esta leyenda —que no deja de ser eso, una leyenda— representa la fama que habían adquirido los bersekers en el Norte, como grupos reducidos pero, por su bravura, perfectamente capaces de decidir el resultado de una gran batalla.
Ahora bien, ¿cuál es la explicación para estos hechos, que rebasan con creces lo normal? ¿Cómo hemos de interpretar el berserkergang? En nuestros días, algunos que siempre miran con resentida desconfianza cualquier manifestación de fuerza y salud, han querido degradarlo. Para muchos de ellos, los bersekers eran simplemente comunidades de epilépticos, esquizofrénicos y demás enfermos mentales. Esta ridícula explicación no satisface en absoluto, ya que la epilepsia o la esquizofrenia son patologías cuyos efectos no se pueden “programar” para una batalla como hacían los bersekers, y bajo sus ataques es imposible realizar acciones valerosas o mostrar heroísmo bélico. Un epiléptico se hace más daño a sí mismo mordiéndose la lengua y cayendo al suelo que destrozando las filas de un numeroso ejército enemigo, y además puede ser reducido por una sola persona. Peliculeramente, otros han sugerido que los bersekers eran alianzas de individuos que habían sufrido mutaciones genéticas, o los supervivientes de un antiguo linaje germánico desaparecido, organizados en forma de comunidades-sectas. Incluso se puede tener en cuenta la explicación “chamánica”, según la cual los bersekers eran poseídos por el espíritu totémico de un oso o de un lobo.

Como se ve, las razones son tan variopintas como variopintos son los personajes que se meten a opinar al respecto. La explicación más conocida, empero, es la de que estos hombres combatían drogados. Según dicha teoría, los bersekers ingerían un hongo llamado amanita muscaria (seta de tallo blanco y sombrerete rojo con motas blancas, que abunda entre los bosques de abedules del norte de Europa), o bien algún mejunje preparado con dicha seta. Ésta tiene una toxicidad elevada gracias a un alcaloide llamado muscarina, que altera completamente la conciencia y la percepción. Actualmente se la ha catalogado como “venenosa”, dado que en dosis elevadas resulta mortal. La teoría de la amanita muscaria fue elaborada en 1784 por el profesor sueco Samual Ödman (que supo de la utilización del hongo por parte de chamanes siberianos), y se perfiló hasta cierto punto porque la mitología germánica explicaba que, de la boca de Sleipnir —el caballo de Odín, de ocho patas— goteaba una espuma roja que, al llegar al suelo, se transformaba en la seta. Otras teorías de drogas sugieren cerveza con beleño negro o pan o cerveza contaminados con cornezuelo del centeno.
La teoría de las drogas no convence, y los dos hechos anteriores (chamanes siberianos + caballo de Odín) son las únicas pruebas que tenemos para corroborar tal tesis. Por otro lado, la simple ingestión de una droga no garantiza por sí misma un arrebato de devastación y frenesí guerrero como el que experimentaban los bersekers. Si es que ingerían efectivamente una droga, habría sido tras una larga y dura preparación guerrera y ascética que les hubiese hecho resistir la posesión del od, con dosis cuidadosamente pensadas por auténticos conocedores de sus efectos, y con ritos diseñados para realzar y canalizar ciertos aspectos relacionados con la sustancia. Nos es más lógica, pues, la teoría de que el berserkergang se desencadenaba mediante una especie de “orden hipnótica programadora” que se almacenaba en el subconsciente a través de una violenta y traumática iniciación ritual, y que en adelante se “activaba” automáticamente escuchando el ruido de las armas, los gritos de batalla y los cánticos que invocaban la furia de Odín, dando lugar al irresistible ansia de estar en el centro del combate, allá donde la lucha era más encarnizada y la furia más densa. En cualquier caso, lo más probable es que las técnicas de consecución del berserkergang fueran mentales o “psicológicas”, a través de procesos hipnóticos y magnéticos catalizados en poderosos rituales, y seguramente amplificados a través de danzas tribales, movimientos, técnicas y respiraciones capaces de generar enormes cantidades de adrenalina en poco tiempo. Y si las drogas estaban realmente presentes, hubiese sido para facilitar la posesión, pero en ningún caso eran las responsables directas del increíble rendimiento combativo que se desencadenaba con dicha posesión.

Las sustancias liberadas por las drogas pueden estimularse en el cuerpo mediante prácticas de depuración. En las tradiciones iniciáticas, cuando el hombre obtienen control absoluto sobre su cuerpo, puede estimular sus órganos, sus glándulas, a voluntad, liberando las sustancias que desea y causando los efectos que desea, con sólo saber materializar el pensamiento. Lo ideal es que las drogas que se utilicen procedan de nuestro propio interior, pues, realmente, las drogas están ya dentro de nosotros —como por ejemplo la testosterona, la adrenalina, la dopamina, las feromonas y las endorfinas—, sólo que a menudo necesitan de un estímulo para liberarse. El uso religioso de las drogas apareció en una época en que la mayoría de personas ya no eran capaces de entrar en trance de modo natural. Y en cualquier caso la ingestión de las drogas con fines religiosos se realizaba bajo un severo control y ritualismo, sobre individuos preparados física, mental y espiritualmente para aguantar sus efectos, y todo vigilado por sabios de las ciencias naturales, conocedores de las plantas, los animales y la Tierra.
Durante las situaciones de gran estrés y violencia, el cuerpo se perturba. Aumenta el pulso, se acelera la respiración y sube la adrenalina como una llama. Tienen lugar una serie de respuestas fisiológicas que en sí mismas no son ni buenas ni malas, sino que su naturaleza dependerá del uso que se haga de ellas y de la salida que se les dé. Los guerreros convencionales “caballerescos”, intentaban dominar el torrente de reacciones y sensaciones que les causaba el combate, de modo que, manteniendo su voluntad por encima de ellas, conservaban la “sangre fría” y la consciencia intacta. Los bersekers, en cambio, parecían hacer lo contrario: se dejaban llevar por las reacciones físicas ante la lucha, de modo que éstas tomaban posesión de ellos y acababan convirtiéndoles en bestias que lo “veían todo rojo”. Afloraba en ellos una voluntad totalmente independiente de la consciencia. Sólo los mejores eran lo bastante duros como para dejarse llevar de verdad por el torrente de ferocidad, soltar sus impulsos salvajemente, perder el control, romper todo lazo y toda atadura para dejar cabalgar libre a la bestia, saborear el profundo y primitivo placer de la carnicería, de la sangría, de la matanza, de la dominación, de la posesión y de la destrucción, sumergir todo su ser en el caos absoluto y sobrevivir para contarlo —aunque es muy probable que después ni siquiera recordasen claramente lo sucedido.
¿Es todo esto un barbarismo salvaje? Sí, pero forma parte de la naturaleza humana, nos guste o no. Dar la espalda a esos asuntos sólo sirve para que luego nos cojan desprevenidos. Ignorar que tenemos un lado animal es como mutilar el espíritu y sabotear el cuerpo. Por el contrario, aceptar esto y dominarlo equivale a reconciliarnos con nosotros mismos.
En cuanto al ataviarse con pieles de animales simbólicos, obedece a una tradición chamánica, totémica y pagana hasta la médula, y le prestaremos atención porque expresa una idea muy importante. El lobo y el oso son signos de masculinidad libre, pura, salvaje, fértil y desenfrenada [9]. La piel del oso o del lobo se conseguía combatiendo con él en un cuerpo a cuerpo y matándole, lo cual era una prueba iniciática de los bersekers igual que entre algunos celtas lo era el matar a un jabalí. Los bersekers eran sugeridos así de que se apoderaban de las cualidades totémicas inherentes al animal en cuestión —oso o lobo—, adquiriendo su fuerza y ferocidad, poseyendo sus cualidades como si se hubiesen conquistado para sí, y adoptando la piel de la bestia vencida como símbolo de esta transformación. Como signo de prestigio, muchos bersekers añadían la palabra björn (oso) a sus nombres, resultando en nombres como Arinbjörn, Esbjörn, Gerbjörn, Gunbjörn o Thorbjörn. El lobo (proto-germánico *ulf) resultó en nombres como Adolf, Rudolf, Hrolf o Ingolf. Mircea Eliade dijo con respecto a la apropiación de las pieles de animales:
Se devenía “berserkr” tras una iniciación que comportaba pruebas específicamente guerreras. Así, por ejemplo, entre los chatti, nos dice Tácito, el postulante no se cortaba los cabellos ni la barba antes de haber matado a un enemigo. Entre los Taifali, el joven debía abatir un jabalí o un oso y entre los Hérulos, era necesario combatir sin armas. A través de estas pruebas, el postulante se apropiaba de la forma de ser de la fiera: se convertía en un guerrero temible en la medida en que se comportaba como una bestia de presa. Se transformaba en superhombre porque conseguía asimilarse a la fuerza mágico-religiosa compartida por los carniceros [10].
Una vez más, se verá esto como primitivo y bárbaro, pero los romanos también lo hacían, como podemos ver en los portaestandartes de las legiones, que se cubrían con pieles de lobos, osos o felinos salvajes (como pueblo indoeuropeo bárbaro, los antiguos itálicos, antepasados de los latinos, debieron tener su propia versión del “guerrero poseído”). También el héroe griego Heracles, tras combatir con un monstruoso león y matarlo con sus propias manos, se puso su piel. El irlandés Cuchulain mató a un monstruoso mastín y ocupó su lugar como guardián del Ulster. Sigfrido, el héroe del germanismo, se bañó en la sangre del dragón Fafnir, matado por él, y con ello se hizo casi invencible. En los misterios de Mitras, un restringido culto militar sólo para hombres y practicado por las legiones de Roma, los iniciados se cubrían de la sangre del toro sacrificado en una ceremonia de alto poder sugestivo. En la misma línea de ejemplos relacionados, tenemos otros casos que se refieren a “segundas pieles” y baños  endurecedores: Aquiles fue bañado por su madre en las aguas del oscuro río Éstige, que lo hicieron invulnerable. La diosa céltica Ceridwen poseía un caldero mágico que daba salud, fuerza y sabiduría a cuantos se bañaran en él. Las madres espartanas bañaban a sus recién nacidos en vino, pues pensaban que eso endurecía a los duros y acababa con los blandos. Las aguas del Ganges, aun hoy en día, son consideradas salutíferas para los hinduistas. La idea tras todos estos mitos era que exponerse a fuerzas destructivas, telúricas y oscuras ayudarían a endurecer la “envoltura” del iniciado y a protegerlo en el futuro contra experiencias similares en el campo de la muerte y del sufrimiento.

Todo esto simbolizaba, además, la lucha del espíritu por tomar control de la bestia telúrica, tras lo cual se recubría de lo conquistado, entraba en la carcasa vacía, la poseía, la transformaba a su imagen y semejanza y, a la vez, cambiaba su personalidad por una distinta, entrando en una nueva fase y simbolizando asimismo el tránsito a una nueva manera de percibir el entorno y de ver las cosas —una nueva piel, una nueva coraza, un nuevo escudo, la percepción del mundo a través de los sentidos de la bestia—, tomar posesión de la materia y, desde dentro, transformarla a imagen y semejanza del espíritu. Esta filosofía de posesión es un rasgo característico de todas las sociedades guerreras iniciáticas. En ciertas unidades de élite de las SS nazis, una de las pruebas era combatir, sin armas y con el torso desnudo, contra un perro-lobo o un mastín embravecido. Como reminiscencia de todos estos asuntos en pleno Siglo XIX, cantaban los húsares imperiales del II Reich, herederos de las unidades guerreras de élite del germanismo: “De negro nos vestimos / de sangre nos bañamos / con la totenkopf en el casco / Heil! Heil! / ¡Somos invencibles!” 
Aquellos bersekers que luchaban desnudos se relacionaban con la conducta de los tempranos celtas, que también lo hacían (de hecho, la figura del “guerrero poseído” fue también recurrente entre los celtas). Sus cuerpos, curtidos desde la infancia, no sentían frío ni aunque estuvieran desnudos sobre la nieve. Como hemos dicho, algunos también se pintaban de negro, reivindicando el lado oscuro y fiero, propio de las eras en las que la luz se ve acosada. Ya hemos visto cómo el romano Tácito describió a los harii que, pintados y con escudos negros, se lanzaban al combate con ferocidad sobrehumana. Para los antiguos indo-iranios, el dios Vishnu, en las épocas sombrías, se ataviaba con una armadura oscura para combatir a los demonios, ocultando al mundo su aspecto luminoso; pero al alba de la nueva edad de oro, se despojaría de su coraza negra y el mundo conocería su luminoso aspecto interior. En Irán, la männerbund de los mairya vestía armaduras negras y portaba banderas negras. Simbólicamente, se decía que mataban al dragón, y generalmente actuaban de noche. Los cátaros se vestían con largas túnicas negras, y sus estandartes religiosos eran negros (algunos con una cruz céltica blanca en su interior). También los SS se vistieron de negro y lucieron banderas negras, además de la macabra totenkopf. Se quería simbolizar así el dominio y el conocimiento de la oscuridad, de lo que pertenece a la mano izquierda, al lado siniestro, al miedo, a la muerte y al horror.
Dominar y conocer al enemigo es dominar y conocer al oso, al lobo, al dragón, al toro o al animal totémico que el hombre luchador descubra en sí mismo. Cubrirse de negro equivale a cubrirse con la piel de la bestia enemiga, pues la oscuridad es la enemiga —hasta que no sea dominada.

FUENTE: http://europasoberana.blogspot.com/2013/05/soldados-de-la-bestia-los-bersekers-y.html?m=1

La Cabeza de Mimir y El Ojo de Odin

En Jotunheim, la morada de los gigantes, se encuentra el pozo de Mimir. Surge de las profundidades de la tierra y alimenta a Yggdrasil, el árbol del mundo. Mimir, el
sabio, el guardián de la memoria, sabe muchas cosas. Su pozo es sabiduría y, cuando el mundo era nuevo, Mimir solía beber de él cada mañana. Recogía el agua con el cuerno llamado Gjallerhorn y bebía un buen trago.

Hace mucho, muchísimo tiempo, cuando los mundos eran jóvenes, Odín se puso
su larga capa y su sombrero y, disfrazado de vagabundo, atravesó la tierra de los
gigantes arriesgando su vida para ir en busca de Mimir y hallar la sabiduría.
—Un sorbo del agua de tu fuente, tío Mimir —dijo Odín—. Es todo lo que te
pido.
Mimir negó con la cabeza. Nadie bebía del pozo, excepto el propio Mimir. No habló. Los que callan rara vez se equivocan.
—Soy tu sobrino —insistió Odín—. Mi madre, Bestla, era tu hermana.
—Eso no es suficiente —replicó Mimir.
—Un sorbo. Con un sorbo del agua de tu fuente, Mimir, seré sabio. Pon un precio.
—Mi precio es uno de tus ojos —respondió Mimir—. Un ojo tuyo en el pozo.

Odín no le preguntó si estaba bromeando. El viaje por la tierra de los gigantes para llegar al pozo de Mimir había sido largo y peligroso. Odín no había dudado en arriesgar su vida para llegar hasta allí. Y todavía estaba dispuesto a hacer mucho más para alcanzar la sabiduría.

Estaba decidido.
—Dame un cuchillo —fue todo lo que dijo.
Tras hacer lo que era preciso hacer, depositó con mucho cuidado en el pozo su ojo, que se lo quedó mirando fijamente a través del agua. Después llenó el Gjallerhorn con el agua de la fuente de Mimir y se llevó el cuerno a los labios. El
agua estaba fría. Odín se la bebió y lo inundó la sabiduría. Notó que veía más lejos y con más claridad con un solo ojo que antes con dos.

A partir de ese momento, Odín recibió varios nombres más: Blindr, lo llamaron,
el dios ciego; o Hoarr, el tuerto; o también Baleyg, el del ojo flamígero.

El ojo de Odín sigue en el pozo de Mimir, preservado por el agua que alimenta al
fresno del mundo, sin ver nada, pero viéndolo todo.

Al cabo de mucho tiempo, cuando la guerra entre los aesir y los vanir estaba tocando a su fin y ambos bandos intercambiaban guerreros y jefes, Odín envió a Mimir a los vanir como consejero del dios Hoenir, de los aesir, que sería el nuevo rey de los vanir.
Hoenir era alto y bien parecido, y tenía el aspecto de un monarca. Cuando Mimir estaba a su lado para aconsejarlo, también hablaba como un rey y tomaba sabias
decisiones. Pero cuando Mimir se ausentaba, Hoenir parecía incapaz de tomar una decisión, y los vanir pronto se cansaron. Pero no descargaron su ira contra Hoenir, sino contra Mimir. Le cortaron la cabeza y se la enviaron a Odín.

Odín no se enfadó. Frotó con ciertas hierbas la cabeza de Mimir, para que no se
pudriera, y le recitó hechizos y encantamientos, porque no quería que la sabiduría de Mimir se perdiera. Al poco tiempo, Mimir abrió los ojos y habló. Sus consejos fueron buenos, como siempre lo eran los consejos de Mimir.

Odín llevó la cabeza de Mimir de vuelta al pozo, bajo el árbol del mundo, y la depositó allí, junto a su ojo, en el agua del conocimiento, del futuro y del pasado.
Después le dio el Gjallerhorn a Heimdall, guardián de los dioses. El día que suene
el Gjallerhorn, despertarán los dioses, estén donde estén, por muy profundo que sea su sueño.
Heimdall hará sonar el Gjallerhorn solamente una vez, al final de todas las cosas, cuando llegue el Ragnarok.

FUENTE: “Mitos Nórdicos” (N. Gaiman)

La Religión Europea Frente al Ateísmo

Si buscamos el término ‘religión’ en Wikipedia encontraremos la siguiente definición: “Religión es un conjunto organizado de creencias, sistemas culturales, y cosmovisiones que relacionan al ser humano con lo sobrenatural, y a la espiritualidad”. Si buscamos el término ateísmo encontraremos esta definición: “En un sentido amplio, el ateísmo es el rechazo a la creencia en la existencia de deidades. En un sentido más acotado, el ateísmo es la postura que plantea que no existe deidad alguna.” En la misma fuente podemos leer esto: “En la creencia tradicional, una deidad es un ser sobrenatural, que puede ser visto como santo, divino o sagrado”.

Esta definición de Wikipedia parece no cubrir el concepto Europeo de lo que es una deidad. En Europa, una deidad (es decir, un dios o una diosa) era simplemente una fuerza que obraba por el bien de algo. El mismo término Germánico “god” significa simplemente “bueno” (“good”). Al sacerdote Escandinavo se le llamaba gôði, y a la sacerdotisa gyðja(sí, ambos términos significan “bueno”-o”bien”). Los dioses Escandinavos eran comúnmente conocidos como æsir (“espíritus”), singular: âss, y bönd (“cadena”, “atadura”, “obligación”), singular band, pero, por supuesto, también eran llamados gôðir (“dioses”, o sea “fuerzas del bien”), cuyo singular es gôð. Todos estos términos nos dicen mucho sobre estas deidades y cómo nuestros ancestros las veían.

NOTA:Como se explica en Sorcery and Religion in Ancient Scandinavia y también aquí, en Escandinavia no existen “dos familias” de dioses, æsir y vanir; Sólo hay una familia, pero a los más hermosos se les llamaba vanir (“hermoso”), singular vanr.

Las peligrosas fuerzas que se ocupan de derribar, arruinar, desafiar y poner a prueba al bien se llaman jötnar (“hambrientos”, “grandes devoradores”), singular jötunn. No son dioses, pero siguen siendo fuerzas que trabajan en la naturaleza. No obstante, también son fuerzas positivas, pues lo malo trae consigo la oportunidad de que el bien actúe.

En Europa –no sólo en Escandinavia- las deidades eran representadas por personas vivas que eran las mejores entre nuestros antepasados, y al hacerlo, estas personas seconvertían en las deidades. Para esto, los mejores hombres eran elegidos por medio de competencias, hoy conocidas como los Juegos Olímpicos o el Torneo de Caballeros, y las mejores mujeres se elegían también en competencias y concursos de belleza. Al ganador se le daba una manzana. Una salud lozana y jovial, fuerza y belleza era lo que se le pedía a esas deidades, y por esto eran “eternamente jóvenes” –siempre que una deidad perdía en la competición anual,  él o ella era reemplazada por alguien aún más fuerte, más hábil y más hermoso. Por lo tanto, las deidades eran “inmortales”. Nunca morían, y la manzana que se les daba cada año los mantenía jóvenes para siempre.

A los jötnar también se les representaba, pero sólo durante las ceremonias religiosas, después de las cuales eran muertos, y los actores eran más tarde “revividos”, llevando sus “restos” al árbol del sacrificio, en el que colgaban sus ropas (id est su fuerza vital, su color y su forma) para luego volvérselas a poner. Esto se explica más minuciosamente en Sorcery and Religion in Ancient Scandinavia, y en realidad tal vez aún más en MYFAROG (uno de sus capítulos en PDF). Deben notar, por cierto, que MYFAROG es un juego, así que el libro tiene cosas que el juego no.

Todo hombre puede y debe cultivar los dioses y dioses que hay en él, de lo contrario las fuerzas peligrosas tomarán el control, como se explica en Mas allá del Río Ifing.

Si volvemos a la definición de deidad que nos da Wikipedia, mencionada al principio de este escrito, se hace evidente que la creencia Europea en las deidades está, en cierto sentido, más allá de esta definición. También se evidencia que en relación con las deidades Europeas, el ateísmo es exactamente lo mismo que el nihilismo. Si las deidades son lo bueno y moral que hay en el hombre, resulta que el ateísmo es lo mismo que el nihilismo: la negación y el rechazo de lo bueno y moral en el hombre.

Un sacrificio Europeo de algún animal es un fortalecimiento de lo bueno para los que en él participan; normalmente el animal era comido después por las personas que representaban a las deidades y la gente de su tribu. Saben por qué están comiendo a ese animal en particular: puede ser por inspiración, por amor, por temple, por fuerza, por belleza o lo que fuera. Por algo bueno. ¡A los jötnar jamás se le ofrecían sacrificios! Una oración a un dios, una oración a solas, no es una creencia en un ser sobrenatural, y en que ese ser te está escuchando desde algún lugar; es una manera de meditar, y un recordatorio para ti mismo. ¡Se bueno, se justo, se un triunfador, se hábil, o cualquier cosa! ¡Nunca se le rezaba a los jötnar! Lo mismo es un templo construido para honrar a una deidad: siempre que lo ves, lo visitas o incluso sólo piensas en él, estás fortaleciendo a esa deidad en ti. ¡Nunca se construyó un templo en honor de un jötnar!

La religión Europea es sencillamente “una forma organizada de cultivar la bondad”. Las deidades y también los jötnar son fuerzas que actúan en nosotros y en otros lugares de la naturaleza. No son “seres sobrenaturales”. Son humanos reales (o en realidad lo eran… tristemente ya no los representamos), son figuras reales, ideas reales, imágenes reales y símbolos reales que nos influencian directamente a nosotros y a nuestra mente. Lo que sientes te influencia. Ningún ateo puede rebatirlo.

Ser religioso no es algo de lo que debamos avergonzarnos, mientras lo seamos a la manera Europea. Por otra parte, ser ateo no es mejor que ser nihilista, negando a todas las deidades de Europa, y por extensión a todo lo que representan. Ser ateo es aún peor que ser Cristiano, porque los Cristianos al menos siguen valorando aquella antigua buena moral Europea, que han integrado a su fe (la que de otra manera sería Judía), cuando los Judíos no lograron aniquilar la moral Europea durante la Cristianización de Europa.

El Medidor

Cristianismo: 90% religión Europea, 10% Judaísmo

Islam: 90% Judaísmo, 10% religión tribal Arábica

Ateísmo en tanto rechaza a las deidades Europeas: 100% Nihilismo

Nihilismo: 100% Judaísmo

Judaísmo: 100% “Satanismo” (pues es la cultivación activa del jötnar que hay en el hombre)

Para ser Europeo en mente y espíritu has de seguir la religión Europea, de la forma que te acomode. No es bueno consumir un brebaje que es 90% agua limpia y “sólo” un 10% veneno puro. Si lo haces, estarás envenenando tu mente, tu espíritu y tu cuerpo. En vez de eso, todos deberíamos convertirnos, o al menos intentar, en dioses y diosas, tal como nuestros antepasados! 

FUENTE: https://hermandadpagana.wordpress.com/2013/06/19/la-religion-europea-frente-al-ateismo/

¡Heill auk Sæll!

(Podría traducirse del nórdico antiguo como “¡salud y regocijo!”, un saludo al modo de “¡salve!”)

Los cristianos pretenden hacernos creer que existía una religión celta, una escandinava, una eslava, una griega, una báltica, una finesa, una tracia, una vasca, una iliria, una romana, etcétera, y así crear la impresión de que la antigua Europa era un revoltijo de religiones paganas. También, por alguna razón, mezclan intencionalmente términos lingüísticos con términos culturales cuando hablan sobre la antigua Europa, tal como yo he hecho más arriba para mostraros, para crear confusión.

Cuando, por ejemplo, los romanos se referían a las deidades galas o escandinavas con nombres romanos, lo hacían no porque ellas se parecieran a las suyas, sino porque eran deidades idénticas a las suyas, que ellos obviamente conocían con nombres romanos.

Los romanos tampoco “robaron” la religión griega para hacerla suya, como los cristianos sueles hacernos creer; estas dos religiones son tan impresionantemente parecidas porque son la misma. En algún momento, todos los pueblos nativos de Europa tuvieron exactamente la misma religión pagana, y aunque la geografía y las influencias del lenguaje hicieron que estas religiones parecieran diferentes en las diferentes tribus de Europa, eran en realidad la misma a lo largo de Europa.

Las mitologías, en realidad, no eran diferentes unas de otras, pero hoy se nos presentan como si lo fueran debido a que esta única religión europea se ha registrado de manera distinta, en épocas distintas, y también por personas distintas, cada una con motivos distintos para hacerlo –y con un muy distinto nivel de comprensión de la religión y mitología europeas.

El Perkele finlandés es el mismo Perkunas lituano, el Perón ruso, el Zevs griego, el Taranis galo, el Þôrrescandinavo, el Iuppiter italiano, etcétera, y el caso es el mismo con todas las deidades europeas: se encuentran en todo lugar de Europa, y si no, es sólo por las lagunas que tiene nuestro conocimiento sobre ellas, debido a que los cristianos han destruido su recuerdo.

Las tradiciones eran las mismas a lo lago y ancho de Europa; los ritos, los festivales mayores, las costumbres, los hábitos: todo era igual en todo Europa. ¡Hay tan sólo una religión pagana en Europa!

Otro hecho que confunde a muchos es el que haya tantas deidades distintas en cada una de las mitologías europeas. Sin embargo, podemos reducir todo fácilmente a cuatro deidades paganas principales: el dios Cielo, la diosa Tierra, el dios Sol y la diosa Luna; o, si así lo preferís, a un dios Cielo y una diosa Tierra –y entonces todas las demás deidades serían diferentes facetas de estas cuatro o dos deidades: el Sol la mano derecha del dios Cielo, la Luna su mano izquierda, la diosa del Mar un aspecto de la diosa Tierra, el dios del Trueno un aspecto del dios Cielo, la diosa del Amor un aspecto de la diosa Tierra, el dios de la Guerra un aspecto del dios Cielo, la diosa de la Muerte un aspecto de la diosa Tierra, y así.

El Cielo es masculino porque la lluvia que fertiliza la tierra cae del cielo como esperma que entra a una mujer. La Tierra es femenina porque las plantas salen de ella cual niño saliendo del vientre materno.

Tampoco existen deidades europeas que sean “buenas” o “malas”. Es sólo que todas ellas actúan durante un tiempo y un propósito determinados. Todas son bienvenidas cuando entran a escena y hacen lo suyo. ¡Incluso la muerte lo es! No existe el bien ni el mal en el paganismo, así como no existe el bien ni el mal en la naturaleza. El sol no está siendo “bueno” cuando ilumina nuestro mundo, ni “malo” cuando nos deja ciegos; no está siendo “bueno” cuando nos calienta, ni malo cuando nos quema. Todo en la naturaleza es bueno; natural, importante y necesario. Y sólo se vuelve destructivo cuando ha actuado por algún tiempo, y aún entonces sigue siendo bueno, pues la destrucción también es parte necesaria de la naturaleza.

El intento de, por ejemplo, hacer ver a Loki como un “diablo” escandinavo no tiene sentido alguno; Loki es el relámpago que golpea desde el cielo, por lo tanto, en la mitología siempre es perseguido por Þôrr, el dios del trueno. ¡Si tenéis alguna duda, podéis ver vosotros mismos si alguna vez al relámpago no lo sigue el trueno!

Todas las deidades europeas cumplen un propósito, y ninguna de ellas es “mala” en sentido alguno. Se desempeñan explicando fenómenos naturales, ideales, procesos del hombre y la naturaleza –y tal vez la mente del hombre en particular. Algunas deidades también representan al hombre, o etapas en la vida del hombre. Una diosa es el ideal de la mujer virgen[1], otra el de la mujer casada, otra la mujer encinta, otra la madre, etcétera, pero son en realidad la misma diosa, sólo que en diferentes etapas de sus existencia. Y ella es una parte de la divina fuerza femenina que definimos simplemente como la diosa Tierra. El nombre que usemos al referirnos a ella no tiene importancia. Freyja, Venus, Afrodita o cualquier otro nombre con el que se conozca esta faceta de ella: ¡todos son nombres hermosos y apropiados!

¡Debemos erguirnos unidos bajo el estandarte pagano, contra el engaño, la traición, la cobardía, las mentiras y el deshonor judeocristianos! Europa es una sola, igual que vuestro cuerpo. Yo, un auténtico (esto es, pagano) escandinavo, estoy no sólo deseoso de luchar y sacrificarme también por mis camaradas europeos no escandinavos: espero con ansias esta oportunidad y hago todo lo que puedo para ayudar a todas y cada una de las personas de Europa de la mejor forma que puedo, ¡pues se que somos uno! Vuestra causa es la mía. Mi causa es la vuestra.

¡Cuando, por nuestros esfuerzos, Europa se haya liberado del yugo judeocristiano, podremos pararnos uno junto al otro y alabar a los mismos dioses y diosas, practicar los mismos ritos, apreciar los mismos valores, compartir las mismas tradiciones, y trabajar todos juntos para garantizar un futuro próspero y armonioso para la especie europea y todas nuestras tierras! BalðuR(Belbog, Apollon, etc.) regresará a Europa cuando se lo permitamos. ¡Permitámoselo entonces!

¡Salve Europa! ¡Salve todo europeo verdadero (es decir, pagano)! Salve, dioses europeos! ¡Salud y regocijo!

FUENTE: https://hermandadpagana.wordpress.com/2013/10/13/heill-auk-saell/

Sombras Entre las Ruinas

Todas nuestras deidades son tratadas muy injustamente por los cristianos que escriben o escribieron sobre nuestra mitología y religión Pagana. Algunas veces debido a intenciones aviesas, pero en la mayoría de las ocasiones es debido a que los cristianos simplemente no las entienden, no entienden qué son, qué representan ni cuál es su propósito. Ellos le llaman “puta” a Freyja, nuestra diosa del amor y de la salud juvenil. No pueden comprender que no es que ella, Freyja;  tuviera muchos amantes; sino que simplemente es una personificación del papel de la esposa. Llamarla puta no es menos estúpido de lo que sería llamar “esposa” a una puta. Si, las esposas se acuestan con muchos hombres diferentes (sus maridos), pero cada esposa duerme únicamente con su propio marido – así que no son putas.

Pero, nuestra divinidad peor ubicada en este contexto no es Freyja, sino el pobre Loki, a quien los cristianos identificaron como “el demonio” de la mitología escandinava. Por lo general estos cristianos fueron y aún son incapaces de entender que otras religiones son en realidad otras religiones, y no pobres y delirantes copias de su propia y deslumbrante secta judía. No hay “demonio” en el Paganismo, ¿y por que tendríamos necesidad de ninguno?

Cuando un cristiano escribe sobre nuestro paganismo vemos esto. Loki se convierte en el demonio, y su descendencia en diferentes demonios. Hel se transforma en un lugar de castigo y condenación eterna por los pecados cometidos en la vida. Âsgarðr se convierte en el Paraíso Celestial. Valhöll se convierte en un estúpido Paraíso para esos primitivos guerreros bárbaros Paganos. Los elfos de luz se transforman en ángeles (aunque, debo añadir que los ángeles [“mensajero” en griego] son también en realidad un asunto Pagano; eran los mensajeros de los dioses). Los elfos oscuros devienen en pequeños demonios. Baldr se convierte en Jesucristo. Y de ahí en adelante.

¡Los cristianos, cegados por sus estudios bíblicos y por otros filtros judíos se vuelven completamente incapaces de ver o de entender ningún aspecto de la religión Pagana!

Como Pagano sé que Freyja es un nombre para determinadas mujeres. Aún hoy día usamos su nombre como título para las mujeres casadas, tanto en Escandinavia (Frue) como Alemania (Frau), y también para las mujeres solteras y doncellas (Froken y Fräulein respectivamente). Ella es la saludable, bella, rubia de ojos azules, sabia y amorosa mujer europea – personificada como la suma de toda la belleza y la salud de esas mujeres: ¡Freyja!

En Inglés los apodos para Freyja y Freyr se han sustituido por títulos en su lugar. Lady, del Inglés Antiguo hlaefdige (“amasadora de masa”, “cocedora de panes”) y Lord, del Inglés Antiguo hlâford (“guardían de panes”). En noruego esos apodos son hleifdeigja y hlefvörðr, respectivamente, pero como dije anteriormente, llegamos a usar sus nombres auténticos como títulos en su lugar, pero sólo para las féminas. Los hombres (libres) escandinavos son denominados Herrer(sing. Herre); “hombres de armas”, “guerreros”. Si traduces “Lord” al escandinavo obtendrás “Herre” a su vez.

Como Pagano, también sé que Loki es la antropomorfización del relámpago de los cielos.

Escandinavo moderno: Loke

Noruego: Loki

Proto-Nórdico: *Lukan

Indoeuropeo: *Leuke

El nombre deriva de la raíz PIE *luk – que significa simplemente “relámpago”.

* para los nombres reconstruidos, basados en lo que sabemos hoy sobre esos lenguajes.

Cuando nuestra mitología habla acerca de cómo Loki corta el pelo de la diosa Sif y que debido a ello Þorr le da caza, un cristiano pensará que es un hombre malvado, pero yo pagano sé que él es el dios del fuego (el fuego que es entregado a los hombres por los dioses a través del rayo), usado en la técnica agrícola denominada “tala y quema” (svibruk en noruego), en la cual ellos quemaban los cultivos para fertilizar los campos. Tras hacer esto, a Sif, la diosa de los cultivos, le creció un pelo más bello y dorado; en otras palabras, cultivos. Esto le fue concedido, como no, por los enanos/elfos oscuros; los poderes del suelo. Cuando sabemos que Loki es el rayo y Þorr el dios del trueno, también entendemos por qué él siempre está cazando a Loki; si alguna vez has visto al relámpago en el cielo, puedes estar seguro de que poco después oirás al trueno. Así pues, el trueno caza al relámpago.

En el Völuspâ, estrofas 17 y 18, aprendemos que tres dioses le dieron vida a unos trozos de madera. Naturalmente eso ha sido interpretado por los ignorantes cristianos como “el mito de la creación” de Escandinavia, pero no existe tal cosa. Las estrofas hablan sobre cómo los dioses (es decir, actores actuando como ellos) reviven simbólicamente a los hombres y mujeres que actuaron en el papel de los Espíritus del Invierno en el Ragnarök anual (nuestra Noche de Año Nuevo). Durante esa lucha simbólica los actores del Espíritu del Invierno, denominados por nosotros “Fenrir”, se visten con pieles de (principalmente) lobo, y son derrotados cuando los dioses (¡que son todavía actores representando a los dioses!) desgarran las pieles de animal y luego pisotean las pieles – descrito en la mitología como el dios Vîðarr colocando su bota en la boca del lobo Fenrir y rompiéndole en pedazos. Tras esto los actores de los Espíritus del Invierno fingen que están muertos, y son llevados por los dioses hasta el árbol sacrificial, del cual cuelgan sus vestiduras humanas. Ahí se les proporciona bebida caliente y comida, y se ponen de nuevo sus vestiduras (¡su fuerza vital!) – por Ôðinn, Hlôðurr (Þorr) y Hoenir (Freyr).

El Ragnarök es un evento anual, que todavía celebramos, todos los años, y lo hemos hecho incluso de una manera similar; encendemos hogueras y tratamos con todas nuestras fuerzas de armar el mayor jaleo posible. Esto se hacía para asustar a los Espíritus del Invierno, para que el Verano pudiera volver, al encender hogueras y antorchas, al prender fuego a ruedas y dejarlas rodar colina abajo, con ascuas volando por todas partes, y todo eso. Hoy día usamos también fuegos de artificio (y por ninguna buena razón más que nada).

Las deidades mueren, pero vuelven cada año, tal y como siempre lo han hecho, así que no es ningún misterio. Eso es lo que los cristianos no pueden entender; el renacimiento, la reencarnación. Lo cual es gracioso por cierto, considerando cómo su falso “salvador” propio se supone que ha vuelto de entre los muertos.

¡No hay mito de la creación en Escandinavia!. Los cristianos escandinavos realmente querían que existiera uno, porque tenían el punto de vista de que toda religión avanzada debía tener un mito de la creación, y ellos – después de todo – querían que sus antepasados fueran avanzados, así que retorcieron y tergiversaron todo desesperadamente, y de ese modo encontraron su “mito de la creación” en el Völuspâ. Pero como ya se ha dicho ese no es un mito de la creación, y no hay ningún mito de la creación en la religión Pagana porque la forma Pagana de ver el mundo no es lineal – con un principio y un final. En vez de eso, es circular, sin principio ni fin. El tiempo, el espacio, y todo lo demás es eterno. Incluso para los hombres modernos no cristianos esto es algo difícil de captar, hemos sido engañados por la tontería del “Big Bang”, que es básicamente un intento de la ciencia-religión por justificar el mito judeocristiano de la creación. (el siguiente artículo de mi mujer, en atala.fr, discutirá este tema en particular; la astronomía y el origen de la vida).

Cuando yo – arrogantemente como han dicho algunos- dije en mi libro Sorcery and Religion in Ancient Scandinavia que no había buenos libros por ahí (al menos en inglés, alemán o escandinavo) sobre nuestra mitología y religión, excepto hasta cierto punto “La Rama Dorada”, del antropólogo Sir James Frazer, es eso lo que quiero decir; que prácticamente todo lo que sabemos de nuestra mitología a partir de esos libros es visto a través de gruesos filtros judeocristianos, y es interpretando bajo una mentalidad judeocristiana, está tergiversado y distorsionado, y es irreconocible. La única alternativa que hemos tenido a esta perspectiva inútil es la igualmente inútil perspectiva feminista, que es nada menos que judía y no menos ignorante – y su único propósito parece ser el de encontrar pruebas del “poder femenino” en nuestro Paganismo. La pobre Freyja y otras diosas son también malinterpretadas de nuevo y se convierten en la “Diosa Madre” de alguna horriblemente absurda sociedad matriarcal (sin raíz alguna en las auténticas matriarquías en ningún caso) gobernada por mujeres.

Estamos perdidos aquí. Los libros que leemos sobre nuestra propia cultura nos llenan de mentiras y de equivocaciones, distorsionan los hechos y convierten nuestro Paganismo en alguna forma de “cristianismo light” para nihilistas, feministas y otros individuos descarriados. Vemos el prado antiguo ante nuestros ojos, pero cuando corremos alegremente hacia él con los brazos abiertos nos tropezamos y caemos en un apestoso cenagal. Otro apestoso cenagal creado por los judíos, a menudo con la ayuda de sus propios y alucinados hombres de paja.

Por eso no confiéis en los libros que habéis leído sobre nuestra mitología. No os fiéis de lo que dicen sobre nuestra Europa Pagana. ¡No confiéis en nada de lo que ellos digan! Y lo más importante ¡no forméis vuestra personalidad y vuestra mente, vuestro sistema de creencias y vuestros rituales a partir de lo que digan esos judeocristianos sobre nuestra mitología!

Está por venir mucho más acerca de esto, en ancestralcult.com, donde os mostraremos el auténtico rostro de nuestros antepasados, y sus raíces – ¡el Antiguo Culto del Oso en Europa!

A menudo alabo a Ôðinn al final de mis entradas, y no lo hago porque sea “el dios auténtico”, un Yavé Pagano, o algo de ese tipo, sino porque es el dios de la mente, de la inspiración, de la furia y de nuestro espíritu. Él es la fuerza que me hace escribir estas entradas. 

Venus (Freyja) por Botticceli

FUENTE: https://hermandadpagana.wordpress.com/2013/06/22/sombras-entre-las-ruinas/

La Línea y el Círculo

Las religiones abrahámicas tienen todas ellas una mitología con un comienzo para el mundo, y también un final para éste, y por alguna razón el tener un mito de la creación fue visto hace 200 años como una prueba que apotaba la idea de que una mitología era avanzada y casi igual a la biblia. Cuando los escandinavos, a comienzos del siglo XIX, comenzaron realmente a leer e interpretar la mitología escandinava, tenían esto en mente. ¡Querían hacer que Escandinavia hubiera sido “avanzada” en la Antigüedad también!. Buscaron activamente un mito de la creación, e interpretaron intencionadamente los mitos para que sonaran como mitos de creación. Lo mismo fue el caso para un fin del mundo; querían que un Armageddon fuera encontrado también en la mitología escandinava,  y en eso es en lo que convirtieron el Ragnarök.

Este es uno de los mayores errores que comete la mayoría cuando leen la mitología escandinava; asumen que algunos de los mitos son mitos de creación. Déjame darte algunos ejemplos, en el Völuspâ, estrofas 2 a 5, hay una descripción que se interpreta como si fuera el mito de la creación de los  mundos de los hombres y los dioses; en Völuspâ, estrofas 17 y 18 hay una descripción que es interpretada como tratando sobre cómo los dioses dieron buen color, lenguaje, mente y vida a dos piezas de madera que estaban tiradas en el suelo, y esto es visto como el mito escandinavo de la creación del hombre. En el Völuspâ, estrofas 42 a 58 hay una descripción que se interpreta como si fuera una descripción del fin del mundo, Ragnarök, ¡el Armageddon escandinavo!.

En realidad hay un entendimiento generalmente pésimo de estos mitos en nuestro mundo, debido a los filtros judeocristianos por los cuales se ha visto todo esto. Si quieres ver las estrellas, más te vale no tratar de verlas a través de una espesa capa de oscuras nubes.

El hecho es que la mitología escandinava no tiene ningún mito de creación de ese tipo. No hay ninguna visión lineal del mundo. En su lugar hay una cosmovisión muy circular, de procesos que se repiten eternamente en la vida y en la naturaleza en general; el sol se levanta, brilla, se pone y se va, y luego se alza de nuevo. Las estaciones vienen, están, se van y no están, antes de regresar. Este mito del eterno retorno fue (en tiempos modernos re-) descubierto por Sir James Frazer, quien por supuesto no era él mismo ningún judeocristiano, pero que desde entonces ha sido prácticamente desacreditado como a-científico, y su libro considerado como “inútil”. Este mito del eterno retorno explica casi todos los procesos de nuestro universo, y se aplica incluso a los planetas, sistemas solares, galaxias y probablemente a todo el universo también. No hay ningún comienzo ni final. No hay ningún “big bang”, ningún “big crunch”, ningún tiempo lineal. Ningún comienzo ni final de nada; ni para el tiempo y ni siquiera para el propio universo.

La mente humana es capaz de entender la eternidad, pero no de desentrañarla de verdad. Esto podría ser algún tipo de “censura cósmica”, pero es más probable que sea el resultado de la mezcla racial entre los neanderthales (los europeos) y el homo sapiens (los africanos). Los neandertales entendían y profundizaban en la eternidad bien, pero el homo sapiens no lo hacía, y aquellos mezclados con el homo sapiens tampoco. Incluso los cerebros más grandes del hombre moderno, los cerebros Europeos, son mucho más pequeños que el cerebro neandertal promedio.

El judeocristianismo es una religión por y para mestizos, pero la mitología europea fue hecha por los europeos (neandertales) o fue basada en su percepción, y así pues los primeros ven la vida como algo lineal y los últimos como movida en círculos. Unos sólo ven el nacimiento, la vida y la muerte, y tiemblan de miedo ante lo que podría venir tras esto. Los otros ven la eternidad.

Los mitos escandinavos mencionados arriba, no son todos ellos mitos de la creación o mitos sobre el fin del mundo. La Völuspâ 2 a 5 trata sobre cómo el túmulo funerario se abría tras un ayuno, y sobe cómo el iniciado tenía que dejar la luz del día del exterior y entrar en el reino oscuro en donde no había luz solar, lunar o estrellas que brillasen. Soplaban un cuerno para abrir la puerta de la valla que rodeaba el túmulo funerario, sacrificaban una vaca y se iban a aprender los secretos de Hel, que estaba dentro de la tumba. No hay ninguna creación en este mito.

Las estrofas 17 y 18 del Völuspâ describen cómo los actores que habían realizado el papel de los Espíritus del Invierno en el Raganarök, al representar animales depredadores, en particular el lobo, eran traídos de vuelta a los árboles sacrificiales, el roble y el tejo, por los dioses (i.e. seres humanos que representaban a las deidades). Para convertirse en Espíritus del Invierno ellos habían colgado sus propias ropas (un símbolo de su fuerza vital) en el árbol sacrificial; desnudos, se ponían (principalmente) pieles de lobo y asumían así el papel de Espíritus de Invierno en una gran representación, una batalla simulada entre el Verano y el Invierno. Durante esta batalla los (actores que representaban) Espíritus del Verano les arrancaban las pieles de lobo y pisaban sobre ellas (i.e. hacían el papel de Vîðarr en el Ragnarök, que partía a Fenrir en dos), para matarlos simbólicamente. Los actores se hacían los muertos y eran llevados ceremonialmente de vuelta los árboles sacrificiales, en donde las deidades les ponían de nuevo sus ropas y les traían de nuevo desde la muerte; les daban buenos colores, espíritu y vida de nuevo. No hay ningún mito de creacion en este mito tampoco.

En el Völuspâ, estrofas 42 a 58, hay otra descripción (hay varias en el Völuspâ) de la gran batalla fingida entre el Verano y el Invierno, que toma lugar en lo que para nosotros es llamado hoy la Vispera de Año Nuevo. Ellos hacían un montón de ruido, quemaban ruedas y las dejaban rodar colina abajo, soltando chispas mientras lo hacían, corrían a través del bosque portando antorchas encendidas, para asustar y cazar a todos los Espíritus del Invierno, y se dividían en dos grupos; uno asumía el papel de Espíritus del Verano, y el otro asumía el papel de Espiritus del Invierno. Entonces ellos, en una representación teatral, realizaban su mayor danza de espadas anual, en la cual mostraban cómo los Espíritus del Verano mataban a los Espíritus del Invierno, y cómo esto le permitía al Verano regresar. Mataban a los epsíritus del Invierno, para que el Verano pudiera volver. Y hacían esto todos los años. Ragnarök no era el fin del mundo, o el fin de nada en realidad, sólo una renovación de todo.

Uroboros representando el eterno retorno.

Puedes encontrar una explicación más extensa de estos mitos en “Sorcery and Religion in Ancient Scandinavia“.

Así pues no hay ningún mito de la creación y ningún Armageddon en la mitología escandinava. No hay principio ni final. El ciclo de la vida continúa para todos los poderes de este mundo, como siempre ha sido y siempre lo será, y nosotros nos preguntaremos seguramente durante bastante tiempo cómo es posible todo esto.

Para ser capaces alguna vez de comprender la eternidad, debemos detener toda degradación racial en nosotros, debida a la mezcla de sangre con las razas no europeas, y debemos asegurar una sociedad de eugenesia positiva para Europa. Solamente a través del cultivo activo de los genes neanderthales de nuestro interior seremos capaces de encontrar todas las respuestas a los secretos del universo.

FUENTE: https://hermandadpagana.wordpress.com/2014/05/20/la-linea-y-el-circulo/