El Ser y sus Partes

Hoy en día, tendemos a pensar en el Ser como conformado por 2 o 3 componentes: un cuerpo, una mente, y tal vez un alma. Estas pocas partes forman un único todo coherente que puede ser clara y limpiamente separado de su ambiente, al menos conceptualmente. La línea que separa el Ser y lo demás es bastante clara e inalterable.

En la cosmovisión Nórdica, sin embargo, el Ser es una entidad más complicada. Mientras los nórdicos ciertamente tenían un concepto del Ser – no hay “unidad” insípida en su perspectiva – que el Ser está compuesto de numerosas partes diferentes que son todas semi-autónomas y pueden separarse de las otras bajo ciertas circunstancias.

Ninguna de estas partes corresponde al concepto de un “alma” en el sentido tradicional Cristiano – una esencia absolutamente única e intransferible de una persona. La palabra en Nórdico Antiguo para “alma”, sál, fue inventada solo después que los Nórdicos se convirtieran al Cristianismo, lo cual destaca la falta previa de tal concepto. (No obstante, se pensaba que varias partes del Ser vivían después de la muerte o eran reencarnadas).

La cosmovisión Nórdica nunca dio mucho valor a un conjunto uniforme de doctrinas, y, por ello, no contiene una descripción exhaustiva y sistemática de las partes que componen al ser humano. El presente artículo no hace el intento de lograr esto, y en cambio, ofrece una descripción de las 4 más importantes y comúnmente mencionadas partes del Ser en la literatura Nórdica Antigua: hamr (“forma/apariencia”), hugr (“pensamiento”), fylgja (“seguidor”), y hamingja (“suerte”).

El Hamr

Hamr (pronunciado como la palabra Inglesa “hammer”) se traduce literalmente como “forma” o “piel”. El hamr es la forma o apariencia de uno, la cual los demás perciben a través de la observación sensorial. A diferencia de nuestra visión moderna, sin embargo, aquello que es percibido por los sentidos no es absoluta ni inalterablemente estático y fijo. De hecho, hamr es la palabra más crucial en el léxico del Nórdico Antiguo para cambio de forma. La frase del Nórdico Antiguo que denota el proceso de cambio de forma es skipta hömum, “cambiando hamr,” y la cualidad de ser capaz de realizar esta hazaña es llamada hamramr, “de fuerte hamr.”

El Hugr

Hugr puede ser más satisfactoriamente traducido como “pensamiento” o “mente.” Corresponde a la personalidad de alguien y los procesos cognitivos conscientes, y por lo tanto se superpone considerablemente con lo que hoy día llamaríamos el “yo interior” de alguien.

El hugr generalmente permanece permanece dentro de su “dueño”, pero puede a veces crear efectos en personas lejanas solo al pensar en ellos de cierta manera. Esto es particularmente posible para la gente que es descrita como poseedora de un ecepcionalmente fuerte hugr.

La Fylgja

¿Recuerdas los gatos, cuervos, y otros espíritus familiares que son a menudo los compañeros de brujas en los cuentos populares Europeos? Estos son fylgjur (pronunciado “FILG-yur”) en plural y fylgja (pronunciado “FILG-ya”) en singular. La fylgja es generalmente percibida en una forma animal por aquello con clarividencia, aunque también se sabe de fylgjur humanas. Es un espíritu asistente cuyo bienestar está íntimamente ligado al de su poseedor – por ejemplo, si la fylgja muere, su dueño muere, también. Su carácter y forma están íntimamente conectados al carácter de su poseedor; una persona de noble cuna podría tener un oso fylgja, una persona salvaje y violenta, un lobo, o una persona glotona, un cerdo.

Fylgja se traduce literalmente como “seguidor,” pero, a menudo, es descrita como viajando adelante de su dueño, llegando al destino propuesto antes que su poseedor o apareciendo en los sueños de alguien que se reunirá con el dueño al día siguiente. Intrigantemente, el término también se aplica a la placenta, pero la conexión es misteriosa y poco clara.

La Hamingja

La cuarta y última parte del Ser Nórdico que consideraremos aquí es la hamingja (pronunciada “HAHM-ing-ya”). La palabra es usada a menudo en un sentido abstracto para referirse a la “suerte”, pero el entendimiento Nórdico de suerte es muy diferente del nuestro. En las adecuadas palabras de Bettina Sommer, “la suerte era una cualidad inherente en el hombre y su linaje, una parte de su personalidad similar a su fuerza, inteligencia, o habilidad con las armas, a la vez la causa y la expresión del éxito, la riqueza y el poder de una familia”.

La suerte, la hamingja, es una entidad personal en derecho propio, es parte del Ser, y puede ser separada de los otros componentes del Ser en ciertas circunstancias. Cuando una persona muere, su hamingja es frecuentemente reencarnado en uno de sus descendientes, particularmente si el niño o niña recibe el nombre del poseedor original de la hamingja. A veces, como en la Saga de Viga-Glum, la hamingja se lega a sí misma a un pariente de su poseedor original, sin que tenga que tener lugar ningún nombre especial. La hamingja también puede ser prestada a otros durante la vida para ayudarlos en misiones particularmente peligrosas donde la suerte sea especialmente necesaria.

La Paradoja del Individualismo y la Conexión Social

Hay una paradoja fascinante en la visión Nórdica del Ser. Por una parte, la cultura Nórdica era llamativamente individualista en el sentido de darle gran valor a la realización personal (aunque este tipo particular de individualismo no tenía mucho lugar para la tendencia “todo vale” de su primo moderno). Los Nórdicos viajaron increibles distancias para ser celebrados y recordados individualmente como grandes guerreros y héroes. El poema Nórdico Antiguo Hávamál aconseja a sus oyentes,

Wealth will pass,
Men will pass,
You too, likewise, will pass.
One thing alone
Will never pass:
The fame of one who has earned it.[11]

And yet, as we’ve seen, the Norse view of the self was actually rather diffuse and fluid. How are we to make sense of this tension?

We’ve seen that the Norse would have rejected our modern view of the self as a monad – something which, in the last analysis, is unique and cleanly distinct from its environment, and whose core characteristics aren’t really separable or transferable to others. (Of course, we do make an exception for the transmission of genes to one’s children, but that’s a purely physical and involuntary process.) Instead, the Norse saw the self as a locus of spirit, will, and perception – that is, more of a strong tendency than an absolute. As such, the self could be readily related to and thought of as a single thing in addition to its various constituent parts and a member of a group.

In other words, the self was defined by its social position and deeds rather than by a detached essence. Even the spiritual parts of the self were social and active entities. As much as the Norse stressed competitive individual success, that success (or failure) occurred within a particular social framework, and was defined in social terms – not as “following one’s passion” or “fulfilling one’s dreams,” but as earning fame.

FUENTE: https://norse-mythology.org/concepts/the-parts-of-the-self/ https://twitter.com/odelsarven/status/1274662115564027904

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