Los Menhires Aún se Alzan

Como hombre Pagano rechazo el concepto Cristiano de la vergüenza y humildad en relación a nuestros antepasados. Cualquier cosa mala que nuestros antepasados ​​hicieran ya no está aquí, pero todo lo bueno que hicieron siempre estará con nosotros. No sólo debemos estar orgullosos de nosotros mismos, en privado, sino también activamente hacer todo lo posible para preservar su memoria. Nosotros somos ellos, porque venimos de ellos y llevamos con nosotros, no sólo su ADN, sino también su espíritu. Vivimos para añadir más al Honor de nuestros antepasados​​, pues nosotros mismos somos ellos.

Los Judeo-cristianos llamarían a esto «fanfarronadas», pero ¿por qué habría de importarnos lo que éstos miserables, ignorantes, esclavos judio -adoradores puedan pensar de nuestras creencias? Nosotros debemos jactamos de nuestro origen, si sentimos que tenemos una razón para ello ¡y cualquier gran hombre en tu familia es por supuesto una buena razón! ¡Brag! ¡Dinos de quién procedes, qué bienes realizaron , lo que lograron! Si lo haces ¡así también nos dirás quién eres tú!

Los Europeos no eran (originalmente) definidos por su comercio, sino por el lugar de donde procedían, los nombres de sus padres y (más tarde) sus nombres de propiedades de familia (Ôðal) – y finalmente
en la era Cristiana, por su comercio.

En el pasado Pagano así era como se saludaban entre extranjeros; ellos mostraban sus manos vacías de armas, si venian en son de paz, deseaban a los extranjeros suerte y alegría, y les hablaban acerca de quiénes eran. Les daban sus nombres, los nombres de sus padres y de dónde venian, y con frecuencia también los nombres de sus abuelos y de los grandes y famosos hombres de su familia. Eran honestos, valientes y orgullosos! ¿Por qué deberiamos ser diferentes hoy? 

FUENTE: https://hermandadpagana.wordpress.com/2013/06/26/los-menhires-aun-se-alzan/

Do et Des

Nuestra forma de percibir el pasado está muy torcida, distorsionada, dañada y arruinada por los Judeo-Cristianos. Éstos tienen su biblia hecha por el hombre, y cualquier cosa que no encajase con el contenido de esta biblia fue quemado, aplastado, prohibido, demonizado, escupido y cubierto de mentiras. Es por esto que, frecuentemente, aun pensamos en nuestros antepasados Neandertales como grotescos brutos, y, aún más importante, de todo lo que precede al Judeo-Cristianismo como salvaje, primitivo, irrelevante, vergonzoso y totalmente sin importancia. Lo que sea que haya existido antes no debería importarnos en absoluto. Es más, ¡debería avergonzarnos! El mundo comenzó en el año cero. El Judío-Jesús fue el inicio de todo, o, en el mejor de los casos, Noé y su rebaño de animales.

Para entender correctamente el pasado, debemos deshacernos del prejuicio que tenemos hacia él. Necesitamos abrir nuestras mentes a formas de pensamiento y de ver el mundo alternativas. Debemos aceptar a nuestros ancestros como iguales (e incluso superiores) en todo aspecto. No ha habido “evolución” alguna de nuestra raza, sólo degeneración; ¡somos más tontos que nunca antes! Es particularmente importante deshacernos de todo prejuicio en lo que respecta a conceptos como el de “dios”. ¿Qué es en realidad un “dios”? O más interesante, ¿qué era un “dios” para nuestros ancestros? ¿Qué pensaban sobre este término? ¿Qué fue lo que pusieron en este término? ¿Qué fue “dios” para ellos? ¡¿Es posible que no hayan pensado en absoluto en los dioses como lo hacemos nosotros?! ¡Tal vez hemos entendido incorrectamente toda la mitología de Europa por haber estado cegados por la manera Judeo-Cristiana de pensar!

Un hombre inteligente puede levantar una civilización maravillosa y tecnológicamente avanzada, y un hombre estúpido no sería capaz, pero un hombre aún más inteligente decidiría no construir forma alguna de civilización, pues también es capaz de ver sus consecuencias negativas. Así que, por lo que sabemos, nuestra civilización tecnológicamente avanzada no es el resultado de la evolución, de que el hombre se haya vuelto más inteligente con el tiempo, sino de la degeneración; es el resultado de que el hombre dejó de ser capaz de ver las consecuencias negativas que ese tipo civilización traería consigo.

Alguien podría decir que la civilización y la tecnología moderna ha traído más bien que mal, pero, ¿es así realmente, si la forma en que hoy usamos la tecnología apunta sobre todo a una compensación de la pérdida de nuestras capacidades intelectuales? ¿Será que en el pasado no inventaron cámaras simplemente porque tenían memoria fotográfica? ¿Será que en el pasado no desarrollaron computadores simplemente porque no los necesitaban en absoluto? Hoy en día estas cosas son necesarias, porque somos demasiado estúpidos para memorizar cualquier cosa. Hoy en día apenas somos capaces de hablar nuestros idiomas nativos como corresponde.

De manera que podemos ver el advenimiento de la religión, el arte, la civilización y la cultura no como el resultado de la evolución, sino como el resultado de haber perdido algo, como el resultado del constante desarrollo de nuevas medidas para no perder nuestro acervo y nuestro espíritu; para no perder nuestra mente.

Entonces pregunto nuevamente: ¿cómo definían nuestros mucho más inteligentes ancestros el término “dios”? ¿Cómo fue que crearon este término y que significado tenía para ellos, y cómo debía ser entendido por su descendencia? ¿Fue acaso sólo un medio de preservar algo para las generaciones venideras? ¿Una especie de código?

Bien, lo que tengo por seguro es que no deberíamos tener con nuestros dioses el tipo de relación que tienen los Judeo-Cristianos con su falso “dios” Hebreo. No somos religiosos de la misma forma que ellos. No tenemos fé; en cambio tenemos sabiduría. No tenemos humildad; en cambio tenemos orgullo. No tenemos pecados; en cambio ¡tenemos honor! Nuestros dioses son ventanas al pasado, portales hacia una época en que el hombre era mejor, abiertos para quienes tengan la sabiduría, la confianza y la valentía para salir de la fosa séptica Judeo-Cristiana y adentrarse en ellos. ¡La belleza está justo enfrente de nuestros ojos! Sólo hace falta que los abramos. ¡Sólo hace falta acoger a los dioses de nuestros ancestros!

FUENTE: https://hermandadpagana.wordpress.com/2013/06/15/do-et-des/

Ragnarök: El Destino del Mundo Según los Pueblos Germanos

Antes que nada, es preciso recordar que, para los antiguos, el tiempo se dividía en ciclos. Todos los pueblos indoeuropeos sin excepción reconocían que la “edad dorada” quedaba atrás, y que la edad que les había tocado vivir era la de la disgregación y la degradación. De ese modo, los griegos concibieron una edad de oro, una edad de plata, una de bronce, una “edad de los héroes” (que se corresponde con la época de la guerra de Troya) y finalmente una edad de hierro. Los romanos añadían, al comienzo, una edad de piedra y una de madera.
La misma idea de ciclos excluye una idea “apocalíptica” o de “fin del mundo”, puesto que el fin de un ciclo no es más que el comienzo del siguiente. En la mentalidad de nuestros antepasados, las primeras edades fueron tiempos de justicia, armonía, belleza y sabiduría, que poco a poco se fueron corrompiendo hasta dar lugar a tiempos de traición, de conflictos, de violencia, de deshonor, de olvido de los dioses y de los ritos, de maldad, de materialismo, de mestizaje y de dejarse atrapar por los poderes “oscuros” que se oponen a los dioses.

Para los germanos, la Edad del Lobo, la última de todas las edades, sería un tiempo de guerras y catástrofes, que terminaría en el Ragnarok (“destino de los dioses”, también “oscurecimiento de los dioses”), la “rotura de todos los lazos” (es decir, la anulación de cualquier vínculo, control, restricción o barrera moral, y el regreso al caos primigenio), la destrucción de los nueve mundos, traída por una última guerra desesperada y a muerte entre las potencias divinas y las potencias demoniacas. A esta lucha sobrevivirían algunos dioses y hombres, y con las ruinas de la edad de hierro construirían una nueva edad de oro.

Veamos el lenguaje simbólico elaborada por el instinto subconsciente de los primitivos germanos para poder autoexpresarse y grabarse así en la memoria colectiva germánica. Es necesario volver a aclarar que se trata de algo simbólico, que cada elemento tiene un significado y que en modo alguno ha de tomarse al pie de la letra, como si fuese un simple cuento (del mismo modo, nadie interpreta un sueño de modo literal, sino que procura bucear en los símbolos). No deja de ser revelador que los germanos, una rama indoeuropea en el extremo geográfico opuesto al de los indo-arios, tuviesen un concepto de fin de ciclo muy similar al de sus primos orientales.

El Ragnarok sería precedido por Fibulwinter, un invierno de tres años de duración, en los que muchas personas morirán. Fenrir, el lobo que representa las fuerzas y los instintos caídos fuera de control, extendería el caos, la destrucción y la maldad por el mundo, haciendo que los hombres se corrompan cada vez más. Jormugand, la serpiente marina (un ouroboros que se muerde la cola, y que representa la materia y el tiempo, aquello que contiene al espíritu) que circula la tierra, la invadiría, inundándola con grandes olas y riadas de su veneno. Loki, el dios de sangre impura, causante de discordia y de envidia, romperá sus cadenas y se unirá a las criaturas de Muspelheim (el lugar del fuego, que representa el mundo infrarrojo y las potencias elementales) para combatir a los dioses. Los dos “lobos celestes”, Skoll y Hati (“Asco” y “Odio”) que persiguen al Sol y a la Luna por el firmamento, finalmente les darán alcance y los devorarán.
El mundo se congelará, acabando con muchas vidas. Loki liderará un ataque sobre Asgard, el mundo de los dioses, y en este momento, el Valhala, la sala de los caídos, abrirá sus puertas. El Valhala se ha ido llenando con las almas de los hombres que, elegidos por las valkirias, han caído en combate por causas justas a lo largo de la historia. Con paredes hechas de lanzas de oro, un techo hecho de escudos de oro, y un gran árbol viviente que hacía de pilar central (“eje del mundo”), el Valhala tenía 540 enormes puertas, por cada una de las cuales saldrán, codo con codo, 800 guerreros totalmente armados: 432.000 hombres en total. El cuerno de guerra suena en los nueve mundos, el puente-arcoiris Bifrost (que une el mundo de los dioses con el mundo de los hombres) se derrumba bajo el peso de los gigantes, y tiene lugar, en una llanura llamada Vigrid, la batalla más inmensa jamás vista, que enfrentará a los dioses contra sus enemigos y que ha estado escrita en el destino del mundo desde su misma creación.
Allí, Fenrir, que abre sus mandíbulas tanto que destruye todo lo que hay entre el cielo y el infierno, mata a Odín, pero será a su vez liquidado por Vidar, un hijo de Odín que representa el silencio y la venganza, que es el dios más fuerte después de Thor y mora en los bosques. Con su mano, agarrará el hocico de Fenrir, y colocando su pie sobre su maxilar inferior, le desgarrará la mandíbula. Loki y Heimdal (el dios blanco, depositario de sabiduría y progenitor de la humanidad) se matarán el uno al otro, igual que Garm (el perro del inframundo, reminiscente del Can Cerbero griego) y Tyr (el dios de la guerra, del orden, de la lealtad y del honor). El conocido dios Thor —representante del trueno y de la fertilidad masculina, y principal campeón de los dioses— matará a Jormugand, pero caerá muerto por efecto de su veneno tras dar sólo tres pasos. Surt, el dios del mundo infernal, extenderá el fuego por los nueve mundos, toda vida será aniquilada y la tierra se hundirá en el mar.

 Esto supondría el fin de los hombres y de la vida, y la destrucción de los nueve mundos; pero una pareja humana, Lif (“Vida”) y Lifthrasir (“aquel que quiere la vida”, o “deseo de vivir”), sobrevivirán trepando por el árbol Ygdrasil, el eje del mundo. Refugiados en las ramas del gran árbol, a través de sus hojas “verán cómo muere el Sol y nace de nuevo”. Pasada la batalla y calmada la tempestad, surgirá del mar una nueva tierra, fresca y verde, pletórica de vida, y la pareja la poblará, renovando la civilización humana. Entre los dioses, vivirán Modi (“Encolerizado”) y Magni (“Fuerte”), ambos hijos de Thor. Modi es un dios de la ira de batalla, mientras que Magni se supone el ser más fuerte de toda la Creación, más incluso que su padre. Ambos heredarán Miolnir, el martillo de Thor, que representa el rayo celeste y por tanto la fuerza de los dioses. Baldur, el dios de la belleza, de la luz y del orgullo, que había sido asesinado por Loki, y que se hallaba preso en el inframundo, renacerá. Vidar y Vali (un dios que nació expresamente para vengar la muerte de Baldur) sobrevivirán. Los seres supervivientes encontrarán un tablero de ajedrez (“control sobre el mundo terrenal”) con piezas de oro, y heredarán el papel regio y señorial de los antiguos dioses, en una era de justicia, orden y armonía.

Los germanos, pues, eran pesimistas por concebir la progresiva degeneración de la humanidad, que al tocar fondo desencadenará el despertar de los dioses y una guerra mundial que acabará con el mundo actual tal y como lo conocemos. Sin embargo, el optimismo también se halla representado aquí por la perspectiva de un nuevo renacimiento y un “nuevo comienzo”, cosa que, en cambio, no existe en la tradición cristiana, que concibe un apocalipsis similar al que terminó con Roma, y un juicio final, sin más.

Ragnarök: El Destino de los Dioses

FUENTE: http://europasoberana.blogspot.com/2013/05/el-destino-del-mundo-segun-los-indo.html?m=1

El Berserkergang o Posesión

Antes del combate, los bersekers entraban juntos en un trance llamado berserksgangr o berserkergang. Este trance era el proceso de posesión, para el que no cualquiera estaba preparado, pues su energía podía destrozar el cuerpo del profano. Según la tradición escandinava, tal estado de éxtasis comenzaba con un siniestro escalofrío que recorría el cuerpo del poseído y le ponía los pelos de punta y la piel de gallina. A esto seguía la contracción de los músculos, un premonitorio temblor, el aumento de la presión arterial y de la tensión, y una serie de tics nerviosos en el rostro y en el cuello. La temperatura corporal comenzaba a subir. Las aletas nasales se dilataban. La mandíbula se apretaba y la boca se contraía en una mueca psicótica revelando la dentadura. Luego venía un inquietante rechinar de dientes. El rostro se inflaba y cambiaba de color, acabando en un tono púrpura. Empezaban a echar espuma por la boca [5], a gruñir, a agitarse, a rugir y gritar como animales salvajes, a morder los bordes de sus escudos, a golpear sus cascos y sus escudos con sus armas y a rasgarse la ropa, invadidos por una fiebre que tomaba posesión de ellos y les convertía en una bestia, su ciego instrumento. Presenciar semejante transformación debía ser algo realmente alarmante y angustioso, evocador del más urgente pánico. Era una transformación iniciática en toda regla, y algunos han visto en ella el origen de las leyendas de hombres-lobo.
Tras este proceso, los bersekers recibían el Odr u Od (llamado Wut en Germania y Wod en Inglaterra), la inspiración que Odín concedía a algunos guerreros, iniciados y poetas, tocándoles con la punta de su lanza Gugnir (“estremecedora”). Con ello se convertían en un furioso torbellino de sangre y metal. La fuerza física del “inspirado” por la fiebre Od aumentaba de manera sobrehumana e inexplicable, y también se incrementaban su resistencia, su agresividad y su fanatismo combativo. Desaparecían el dolor, el miedo o la fatiga, y lo que los reemplazaba era una embriagante sensación de voluntad, imparable poder y ganas de destruir, arrasar, matar, aniquilar y derribar. Una buena referencia a la versión celta del berserkergang, la podemos encontrar en “The Táin”, que describe la transformación del héroe Cuchulain antes de las batallas:
El espasmo de furia se apoderó de él: parecía que cada cabello estaba martilleado a su cabeza, pues todos los pelos se le enderezaron verticalmente, y se podría jurar que un punto de fuego coronaba la punta de cada uno. Uno de sus ojos se cerró más estrecho que el ojal de una aguja, y el otro se abrió más ancho que la boca de una copa. Sus mandíbulas se desencajaron hasta las orejas, y sus labios se apartaron revelando sus encías. El halo del héroe ascendió desde la corona de su cabeza.
Los bersekers pasaban a luchar furiosamente sin importarles en absoluto su propia vida o seguridad física. Muchos preferían llevar una espada y un hacha en vez de una sola arma con el escudo [6]. En grupos de doce, cargaban salvajemente contra el enemigo sin importar su inferioridad numérica, y heridas que matarían a cualquiera no los inmutaban lo más mínimo. En casos de defensa contra multitudes avasallantes, formaban un círculo impenetrable desde el cual se batían hasta la muerte del último hombre.

El héroe semi-mítico Ragnar Lothbrock (M. Herrera)

Si nos imaginamos el aspecto de esos hombres cargados de músculos, venas, nervios y tendones, con la cara crispada bajo la piel de la bestia, los fanáticos ojos claros abiertos como platos y brillando con aquel acies oculorum que Julio César y Tácito advirtieron entre los guerreros germanos; los dientes apretados con furia y echando espumarajos, salpicados con sangre enemiga… al instante comprenderemos que aquellos guerreros no tenían nada que ver con el hombre occidental moderno. Esos bersekers eran de la misma sangre que muchos europeos modernos, pero ellos eran hombres que vivían para la guerra, mientras que el occidental medio de nuestros días es un afeminado blando que vive para la paz y, en su miopía, persiste en creer que lo sabe todo sobre el mundo y la vida.
El WutWodeOd o berserkergang era un trance terriblemente intenso y violento, en el que se perdía completamente el control y la razón, y en el que la bestia se liberaba de sus cadenas de hierro para desahogar su claustrofobia y para cabalgar en gloriosa y desbocada libertad por el oscuro y borroso bosque, sin responsabilidades, sin ataduras, sin límites y sin leyes. No sólo se trataba de dejar aflorar a la bestia interior, sino de dejarse poseer por la divinidad absoluta, externa. El cuerpo del guerrero, en manos de estas tempestuosas fuerzas, y totalmente desconectado de la mente racional, era una simple marioneta que apenas daba abasto para plasmar tanta ira.
Los afectados podían estar durante horas e incluso días combatiendo de la manera más furiosa y encarnizada sin pausar un sólo momento. De hecho, gracias a su brutal aportación, a menudo las batallas terminaban demasiado pronto, y los bersekers no podían cesar de combatir, necesitando desahogar su furia, correr sin parar de gritar y descargar sus armas contra árboles, rocas, animales o personas, incluso llegando a atacar a miembros de su mismo ejército (aunque al parecer los bersekers nunca se atacaron entre ellos), ya que en tales estados no distinguían entre amigos y enemigos.
Sin embargo, cuando pasaba el berserkergang, se sumían en un estado de debilidad total, en el que eran incapaces de defenderse ni de tenerse en pie siquiera. Esta resaca duraba varios días, en los que el guerrero debía guardar cama. Según las sagas escandinavas, a menudo sus enemigos aprovechaban para matarles en aquellos momentos. Algunos bersekers, sin haber recibido herida alguna, caían muertos tras la batalla por el sobrehumano esfuerzo realizado: sus cuerpos no estaban preparados para ser instrumentos de la furia divina —al menos durante un tiempo demasiado prolongado. Probablemente se les acortaba la esperanza de vida por muchos años después de cada “sesión” de berserkergang.
Otra cualidad que se atribuía al poseído del berserkergang era el “inutilizar las armas del adversario”, lo cual probablemente implicaba que los bersekers eran tan rápidos, tan invulnerables e inspiraban tal terror en sus enemigos que éstos parecían quedar paralizados de miedo o sus golpes no eran efectivos. Asimismo, es muy probable que el aura de ira desprendida de un grupo de bersekers cargando, fuese “sentida” a una gran distancia por los soldados enemigos como si de una onda expansiva se tratase, tal y como escribió el historiador romano Tácito, hablando de una männerbund germana cuyos miembros se denominaban harii —palabra que entre los iranios e indo-iranios significaba “los rubios”, y que está relacionada con los Einheriar (Aina-Hariya) del Valhala:
En cuanto a los harii, además de superar en fuerza a los pueblos que acabo de enumerar, salvajes como son, sacan el máximo partido de su ferocidad natural valiéndose del arte y de la oportunidad: escudos negros, cuerpos pintados. Para combatir, eligen noches oscuras. Solo el horror y la sombra que acompañaban a esta macabra hueste bastan para llevar el terror. Ningún enemigo puede soportar esta visión extraña e infernal, pues en toda batalla los primeros vencidos son los ojos [7].
Observamos aquí la importancia que tenía la simbología de lo oscuro para estos hombres. La noche es esencial en este simbolismo, pues simboliza la edad oscura, este tenebroso invierno en el que hemos nacido para bien o para mal. El día, con los rayos del sol, el oro, es propicio para la voluntad, para el arrojo, para la lucha consciente, para clavar la lanza en el enemigo, para hundir la espada en la tierra —en una palabra, para poseer, para tomar. El día representa la mano derecha, el orden, el ritual y la “vía seca”. La noche, en cambio, con oscuridad, luna, estrellas, agua y plata, es más propicia a la magia, a un cierto caos, al dejarse tomar, al ser poseído, a alzar las armas al cielo en vez de hundirlas en la tierra y por ello está más relacionada con la mano izquierda y la “vía húmeda”.

Desde que el hombre ya no es un dios, debe luchar para convertirse, al menos, en ciego instrumento de los dioses. Para ello, debe vaciarse de toda individualidad egocéntrica con el fin de permitir el arrebato divino, esto es, “para propiciar que Odín le toque con la punta de su lanza”. Y el primer modo de conseguirlo era mediante la instauración de una severa disciplina, el ascetismo y la organización. Recordemos, con respeto a la importancia de la noche, que el mismo Adolf Hitler habló en “Mi Lucha” sobre la diferencia de efectos que sus discursos conseguían en las muchedumbres por la mañana y por la noche. Para él, las tardes, y especialmente las noches, eran el momento ideal de dar un discurso y de hacer valer su magnetismo. Hagamos notar también que, en las SS, los colores predominantes en los uniformes y en su simbología eran el negro y el plateado. Simbólicamente, se cubrían de noche, de oscuridad, de truenos y de luz lunar y estelar [8].
Quien había sido poseído una vez por el berserkergang estaba ya marcado con una señal de por vida. A partir de entonces, el trance no sólo le venía al ser invocado antes del combate, sino que también podía caer sobre él de repente en momentos de paz y sosiego, transformándole en cuestión de segundos en una bola de odio, adrenalina y gritos infrahumanos en busca de destrucción. Así, la saga de Egil describe cómo el padre de Egil, un berseker, sufrió repentinamente la posesión del berserkergang mientras jugaba pacíficamente a un juego de pelota con su hijo y otro pequeño. El guerrero, horriblemente agitado, y rugiendo como un animal, agarró al amigo de su hijo, lo alzó en el aire y lo estrelló contra el suelo con tanta fuerza que murió en el acto con todos los huesos del cuerpo rotos. Luego se dirigió hacia su propio hijo, pero éste fue salvado por una sirvienta que, a su vez, cayó muerta ante el poseído. En las sagas, las historias de bersekers están salpicadas de tragedias en las que el berserkergang descontrolado se vuelve contra los seres más allegados al poseso. Si hubiese que encontrar un equivalente griego, lo tendríamos en la figura de Hércules, quien durante un ataque de ira mató a golpes a su propia esposa Megara y a los dos hijos que tenía con ella, lo cual motivó sus 12 tareas como “penitencia” para expiar su pecado.
En el ámbito de la mitología tenemos muchos ejemplos de la furia de los bersekers. La saga del rey Hrolf habla del héroe berseker Bjarki, que combatía por dicho rey y que en una batalla se transformó en un oso. Este oso mató a más enemigos que los cinco campeones selectos del rey. Las flechas y las armas rebotaban de él, y derribó a hombres y caballos de las fuerzas del enemigo rey Hjorvard, desgarrando con los dientes y las garras cualquier cosa que se interpusiera en su camino, de tal modo que el pánico se apoderó del ejército enemigo, disgregando sus filas caóticamente. Esta leyenda —que no deja de ser eso, una leyenda— representa la fama que habían adquirido los bersekers en el Norte, como grupos reducidos pero, por su bravura, perfectamente capaces de decidir el resultado de una gran batalla.
Ahora bien, ¿cuál es la explicación para estos hechos, que rebasan con creces lo normal? ¿Cómo hemos de interpretar el berserkergang? En nuestros días, algunos que siempre miran con resentida desconfianza cualquier manifestación de fuerza y salud, han querido degradarlo. Para muchos de ellos, los bersekers eran simplemente comunidades de epilépticos, esquizofrénicos y demás enfermos mentales. Esta ridícula explicación no satisface en absoluto, ya que la epilepsia o la esquizofrenia son patologías cuyos efectos no se pueden “programar” para una batalla como hacían los bersekers, y bajo sus ataques es imposible realizar acciones valerosas o mostrar heroísmo bélico. Un epiléptico se hace más daño a sí mismo mordiéndose la lengua y cayendo al suelo que destrozando las filas de un numeroso ejército enemigo, y además puede ser reducido por una sola persona. Peliculeramente, otros han sugerido que los bersekers eran alianzas de individuos que habían sufrido mutaciones genéticas, o los supervivientes de un antiguo linaje germánico desaparecido, organizados en forma de comunidades-sectas. Incluso se puede tener en cuenta la explicación “chamánica”, según la cual los bersekers eran poseídos por el espíritu totémico de un oso o de un lobo.

Como se ve, las razones son tan variopintas como variopintos son los personajes que se meten a opinar al respecto. La explicación más conocida, empero, es la de que estos hombres combatían drogados. Según dicha teoría, los bersekers ingerían un hongo llamado amanita muscaria (seta de tallo blanco y sombrerete rojo con motas blancas, que abunda entre los bosques de abedules del norte de Europa), o bien algún mejunje preparado con dicha seta. Ésta tiene una toxicidad elevada gracias a un alcaloide llamado muscarina, que altera completamente la conciencia y la percepción. Actualmente se la ha catalogado como “venenosa”, dado que en dosis elevadas resulta mortal. La teoría de la amanita muscaria fue elaborada en 1784 por el profesor sueco Samual Ödman (que supo de la utilización del hongo por parte de chamanes siberianos), y se perfiló hasta cierto punto porque la mitología germánica explicaba que, de la boca de Sleipnir —el caballo de Odín, de ocho patas— goteaba una espuma roja que, al llegar al suelo, se transformaba en la seta. Otras teorías de drogas sugieren cerveza con beleño negro o pan o cerveza contaminados con cornezuelo del centeno.
La teoría de las drogas no convence, y los dos hechos anteriores (chamanes siberianos + caballo de Odín) son las únicas pruebas que tenemos para corroborar tal tesis. Por otro lado, la simple ingestión de una droga no garantiza por sí misma un arrebato de devastación y frenesí guerrero como el que experimentaban los bersekers. Si es que ingerían efectivamente una droga, habría sido tras una larga y dura preparación guerrera y ascética que les hubiese hecho resistir la posesión del od, con dosis cuidadosamente pensadas por auténticos conocedores de sus efectos, y con ritos diseñados para realzar y canalizar ciertos aspectos relacionados con la sustancia. Nos es más lógica, pues, la teoría de que el berserkergang se desencadenaba mediante una especie de “orden hipnótica programadora” que se almacenaba en el subconsciente a través de una violenta y traumática iniciación ritual, y que en adelante se “activaba” automáticamente escuchando el ruido de las armas, los gritos de batalla y los cánticos que invocaban la furia de Odín, dando lugar al irresistible ansia de estar en el centro del combate, allá donde la lucha era más encarnizada y la furia más densa. En cualquier caso, lo más probable es que las técnicas de consecución del berserkergang fueran mentales o “psicológicas”, a través de procesos hipnóticos y magnéticos catalizados en poderosos rituales, y seguramente amplificados a través de danzas tribales, movimientos, técnicas y respiraciones capaces de generar enormes cantidades de adrenalina en poco tiempo. Y si las drogas estaban realmente presentes, hubiese sido para facilitar la posesión, pero en ningún caso eran las responsables directas del increíble rendimiento combativo que se desencadenaba con dicha posesión.

Las sustancias liberadas por las drogas pueden estimularse en el cuerpo mediante prácticas de depuración. En las tradiciones iniciáticas, cuando el hombre obtienen control absoluto sobre su cuerpo, puede estimular sus órganos, sus glándulas, a voluntad, liberando las sustancias que desea y causando los efectos que desea, con sólo saber materializar el pensamiento. Lo ideal es que las drogas que se utilicen procedan de nuestro propio interior, pues, realmente, las drogas están ya dentro de nosotros —como por ejemplo la testosterona, la adrenalina, la dopamina, las feromonas y las endorfinas—, sólo que a menudo necesitan de un estímulo para liberarse. El uso religioso de las drogas apareció en una época en que la mayoría de personas ya no eran capaces de entrar en trance de modo natural. Y en cualquier caso la ingestión de las drogas con fines religiosos se realizaba bajo un severo control y ritualismo, sobre individuos preparados física, mental y espiritualmente para aguantar sus efectos, y todo vigilado por sabios de las ciencias naturales, conocedores de las plantas, los animales y la Tierra.
Durante las situaciones de gran estrés y violencia, el cuerpo se perturba. Aumenta el pulso, se acelera la respiración y sube la adrenalina como una llama. Tienen lugar una serie de respuestas fisiológicas que en sí mismas no son ni buenas ni malas, sino que su naturaleza dependerá del uso que se haga de ellas y de la salida que se les dé. Los guerreros convencionales “caballerescos”, intentaban dominar el torrente de reacciones y sensaciones que les causaba el combate, de modo que, manteniendo su voluntad por encima de ellas, conservaban la “sangre fría” y la consciencia intacta. Los bersekers, en cambio, parecían hacer lo contrario: se dejaban llevar por las reacciones físicas ante la lucha, de modo que éstas tomaban posesión de ellos y acababan convirtiéndoles en bestias que lo “veían todo rojo”. Afloraba en ellos una voluntad totalmente independiente de la consciencia. Sólo los mejores eran lo bastante duros como para dejarse llevar de verdad por el torrente de ferocidad, soltar sus impulsos salvajemente, perder el control, romper todo lazo y toda atadura para dejar cabalgar libre a la bestia, saborear el profundo y primitivo placer de la carnicería, de la sangría, de la matanza, de la dominación, de la posesión y de la destrucción, sumergir todo su ser en el caos absoluto y sobrevivir para contarlo —aunque es muy probable que después ni siquiera recordasen claramente lo sucedido.
¿Es todo esto un barbarismo salvaje? Sí, pero forma parte de la naturaleza humana, nos guste o no. Dar la espalda a esos asuntos sólo sirve para que luego nos cojan desprevenidos. Ignorar que tenemos un lado animal es como mutilar el espíritu y sabotear el cuerpo. Por el contrario, aceptar esto y dominarlo equivale a reconciliarnos con nosotros mismos.
En cuanto al ataviarse con pieles de animales simbólicos, obedece a una tradición chamánica, totémica y pagana hasta la médula, y le prestaremos atención porque expresa una idea muy importante. El lobo y el oso son signos de masculinidad libre, pura, salvaje, fértil y desenfrenada [9]. La piel del oso o del lobo se conseguía combatiendo con él en un cuerpo a cuerpo y matándole, lo cual era una prueba iniciática de los bersekers igual que entre algunos celtas lo era el matar a un jabalí. Los bersekers eran sugeridos así de que se apoderaban de las cualidades totémicas inherentes al animal en cuestión —oso o lobo—, adquiriendo su fuerza y ferocidad, poseyendo sus cualidades como si se hubiesen conquistado para sí, y adoptando la piel de la bestia vencida como símbolo de esta transformación. Como signo de prestigio, muchos bersekers añadían la palabra björn (oso) a sus nombres, resultando en nombres como Arinbjörn, Esbjörn, Gerbjörn, Gunbjörn o Thorbjörn. El lobo (proto-germánico *ulf) resultó en nombres como Adolf, Rudolf, Hrolf o Ingolf. Mircea Eliade dijo con respecto a la apropiación de las pieles de animales:
Se devenía “berserkr” tras una iniciación que comportaba pruebas específicamente guerreras. Así, por ejemplo, entre los chatti, nos dice Tácito, el postulante no se cortaba los cabellos ni la barba antes de haber matado a un enemigo. Entre los Taifali, el joven debía abatir un jabalí o un oso y entre los Hérulos, era necesario combatir sin armas. A través de estas pruebas, el postulante se apropiaba de la forma de ser de la fiera: se convertía en un guerrero temible en la medida en que se comportaba como una bestia de presa. Se transformaba en superhombre porque conseguía asimilarse a la fuerza mágico-religiosa compartida por los carniceros [10].
Una vez más, se verá esto como primitivo y bárbaro, pero los romanos también lo hacían, como podemos ver en los portaestandartes de las legiones, que se cubrían con pieles de lobos, osos o felinos salvajes (como pueblo indoeuropeo bárbaro, los antiguos itálicos, antepasados de los latinos, debieron tener su propia versión del “guerrero poseído”). También el héroe griego Heracles, tras combatir con un monstruoso león y matarlo con sus propias manos, se puso su piel. El irlandés Cuchulain mató a un monstruoso mastín y ocupó su lugar como guardián del Ulster. Sigfrido, el héroe del germanismo, se bañó en la sangre del dragón Fafnir, matado por él, y con ello se hizo casi invencible. En los misterios de Mitras, un restringido culto militar sólo para hombres y practicado por las legiones de Roma, los iniciados se cubrían de la sangre del toro sacrificado en una ceremonia de alto poder sugestivo. En la misma línea de ejemplos relacionados, tenemos otros casos que se refieren a “segundas pieles” y baños  endurecedores: Aquiles fue bañado por su madre en las aguas del oscuro río Éstige, que lo hicieron invulnerable. La diosa céltica Ceridwen poseía un caldero mágico que daba salud, fuerza y sabiduría a cuantos se bañaran en él. Las madres espartanas bañaban a sus recién nacidos en vino, pues pensaban que eso endurecía a los duros y acababa con los blandos. Las aguas del Ganges, aun hoy en día, son consideradas salutíferas para los hinduistas. La idea tras todos estos mitos era que exponerse a fuerzas destructivas, telúricas y oscuras ayudarían a endurecer la “envoltura” del iniciado y a protegerlo en el futuro contra experiencias similares en el campo de la muerte y del sufrimiento.

Todo esto simbolizaba, además, la lucha del espíritu por tomar control de la bestia telúrica, tras lo cual se recubría de lo conquistado, entraba en la carcasa vacía, la poseía, la transformaba a su imagen y semejanza y, a la vez, cambiaba su personalidad por una distinta, entrando en una nueva fase y simbolizando asimismo el tránsito a una nueva manera de percibir el entorno y de ver las cosas —una nueva piel, una nueva coraza, un nuevo escudo, la percepción del mundo a través de los sentidos de la bestia—, tomar posesión de la materia y, desde dentro, transformarla a imagen y semejanza del espíritu. Esta filosofía de posesión es un rasgo característico de todas las sociedades guerreras iniciáticas. En ciertas unidades de élite de las SS nazis, una de las pruebas era combatir, sin armas y con el torso desnudo, contra un perro-lobo o un mastín embravecido. Como reminiscencia de todos estos asuntos en pleno Siglo XIX, cantaban los húsares imperiales del II Reich, herederos de las unidades guerreras de élite del germanismo: “De negro nos vestimos / de sangre nos bañamos / con la totenkopf en el casco / Heil! Heil! / ¡Somos invencibles!” 
Aquellos bersekers que luchaban desnudos se relacionaban con la conducta de los tempranos celtas, que también lo hacían (de hecho, la figura del “guerrero poseído” fue también recurrente entre los celtas). Sus cuerpos, curtidos desde la infancia, no sentían frío ni aunque estuvieran desnudos sobre la nieve. Como hemos dicho, algunos también se pintaban de negro, reivindicando el lado oscuro y fiero, propio de las eras en las que la luz se ve acosada. Ya hemos visto cómo el romano Tácito describió a los harii que, pintados y con escudos negros, se lanzaban al combate con ferocidad sobrehumana. Para los antiguos indo-iranios, el dios Vishnu, en las épocas sombrías, se ataviaba con una armadura oscura para combatir a los demonios, ocultando al mundo su aspecto luminoso; pero al alba de la nueva edad de oro, se despojaría de su coraza negra y el mundo conocería su luminoso aspecto interior. En Irán, la männerbund de los mairya vestía armaduras negras y portaba banderas negras. Simbólicamente, se decía que mataban al dragón, y generalmente actuaban de noche. Los cátaros se vestían con largas túnicas negras, y sus estandartes religiosos eran negros (algunos con una cruz céltica blanca en su interior). También los SS se vistieron de negro y lucieron banderas negras, además de la macabra totenkopf. Se quería simbolizar así el dominio y el conocimiento de la oscuridad, de lo que pertenece a la mano izquierda, al lado siniestro, al miedo, a la muerte y al horror.
Dominar y conocer al enemigo es dominar y conocer al oso, al lobo, al dragón, al toro o al animal totémico que el hombre luchador descubra en sí mismo. Cubrirse de negro equivale a cubrirse con la piel de la bestia enemiga, pues la oscuridad es la enemiga —hasta que no sea dominada.

FUENTE: http://europasoberana.blogspot.com/2013/05/soldados-de-la-bestia-los-bersekers-y.html?m=1

Wardruna: Völuspá

Wardruna: Volüspá (subtitulado al español)

Esta canción toma algunos versos del poema del mismo nombre, Volüspá (la profecía de la vidente), el primero y más conocido de la Edda Poetica.

En éste se cuenta la historia desde el comienzo del mundo hasta el final de éste, narrado por una völva (vidente), que se dirige a Odin, el padre de todo.

LETRA

“En silencio pido, por todos los sagrados niños. Por los grandes y pequeños hijos de Heimdall. Ellos contarán las hazañas de Valfødr, en antiguos refranes. Aquellos son los que más recuerdo. Fue en tiempos antiguos, cuando Ymir vivía. No había arena ni mar, tampoco las gélidas olas. La tierra no existía ni el cielo sobre ella. Era un abismo caótico, sin hierba en ningún lugar. El Sol se oscurece, la tierra se hunde en el océano. Caen del cielo las brillantes estrellas. El aliento de fuego embiste al árbol todopoderoso. El imponente fuego llega hasta el mismo cielo. Hermanos pelearán y se matarán unos a otros. Y los hijos de hermanas mancharán su parentesco. Tiembla el fresno Yggdrasil, pero aún sigie en pie. Llora el antiguo árbol y el gigante se desata. Ahora Garm aúlla fuerte frente a Gnipahellir. Las cadenas estallarán y el lobo correrá libre. Mucho es lo que sé y más lo que puedo ver. Del destino de los dioses, los poderosos en la lucha. Ahora veo la tierra nuevamente. Levantarse desde las olas, completamente verde. Las cataratas fluyen y el águila vuela. Atrapando peces entre los acantilados. Más bello que el Sol es el salón que veo. Cubierto en oro, Gimlé deslumbra. Allí habitarán los gobernantes justos. Y allí por siempre de felicidad gozarán…”

GLORARIO

  • Valfødr: Padre de los caídos (uno de los tantos nombres de Odin) .
  • Ymir: El primero de todos los gigantes.
  • Garm: El terrible perro que custodia las puertas de la morada de Hella en Heilheim.
  • Gnipahellir: La imponente caverna donde Garm está encadenado hasta el comienzo del Ragnarök.
  • Gimlé: Uno de los lugares donde los sobrevivientes del Ragnarök deben vivir. Se describe como el lugar más hermoso en Asgard, más includo que el Sol.
El gigante Ymir.

FUENTE: Canal de youtube “Vikingen” (https://www.youtube.com/channel/UCafIXHvuMS6CGcv9cvxtl3g)

Asatru: El Renacimiento de la Religión Europea Original (parte 2)

Mientras la religión y la cultura antiguas florecían en las tribus de los bosques Europeos, los invasores Cristianos primero encontraron oportuno matar a tantas de estas tribus como fuera posible. Entonces los sacerdotes Cristianos parásitos tomaron el control de las personas restantes, y aplastaron el espíritu pagano europeo, tal como los grandes pueblos Azteca y Maya fueron aplastados más tarde en las Américas.

Cuando los conquistadores cristianos invadieron América, pensaron que su fe era superior a la de las civilizaciones Azteca y Maya. Artefactos religiosos de oro fueron fundidos para hacer dinero, las escrituras fueron quemadas, los pueblos nativos fueron esclavizados y obligados a vivir de acuerdo a las costumbres de los invasores. Esto es lo mismo que le ha pasado a nuestra gente cuando los Europeos fueron invadidos por el Cristianismo: la religión de nuestros antepasados ​​fue prohibida, nuestros lugares de culto fueron destruidos, aquellos que conocían nuestras viejas costumbres fueron asesinados y aquellos que querían aprenderlas fueron castigados o también asesinados.

Las personas que resistieron a la nueva religión Cristiana fueron torturadas y ejecutadas. Cada forma de resistencia a lo largo de la historia fue violentamente reprimida. —Puedo nombrar, por ejemplo, la Caza de Brujas y la Inquisición, en donde miles de personas fueron brutalmente asesinadas en un holocausto organizado por la Iglesia Cristiana.

La religión Ásatrú también fue objeto de una violenta campaña de represión durante un período de cientos de años. Incontables miles de personas fueron asesinadas o mutiladas en el proceso. Sin embargo, la gente común Europea no abandonó sus queridas creencias de manera rápida o fácil. La verdad es que nunca se puede quitar sus creencias a un pueblo honorable, y Ásatrú fue meramente suprimido en lugar de aniquilado. Por lo tanto, hoy definitivamente no es una religión “New Age”. Muchos seguidores de Ásatrú conocidos hoy como Ásatrúers o Ásatrúars se llaman a sí mismos: Paganos, en memoria y en honor de los ancestros que prefirieron morir antes que convertirse al Cristianismo.

Caza de brujas en Europa

FUENTE: Asatru: Europe’s Ancient Religion Reborn – By Gabriella

La Ira Sagrada en la Tradición Indoeuropea

Furor Teutonicus (Cronistas romanos, sobre el empuje de los germanos en combate).

La historia de los pueblos indoeuropeos nos enseña que toda gran obra proviene, en primera instancia, del bárbaro “auténtico” e incontaminado, y de las alianzas de guerreros o männerbunden, que son los únicos capaces de cambiar el mundo y el tiempo a través de la acción directa.

¿De dónde procedía la fuerza legendaria y furiosa de aquellos antiguos indoeuropeos, nuestros antepasados, tan unidos a sus dioses y a la Naturaleza? En la antigüedad, numerosas son las referencias a esa fuerza, que es descrita como una especie de furor. La cólera divina es todo un arquetipo: los iranios llamaron aesjma al furor sagrado, y los indo-iranios, ishmin. En India se describía, además, el mada —la embriaguez divina producida por la bebida mística soma. En Grecia encontramos el menon o menis, la ira apasionada que sólo Aquiles, el mayor guerrero de todos los tiempos, poseía. También de Grecia proviene el “divino furor de Dionisio”, que en un principio tenía que ver con la glorificación de los instintos relacionados con el culto a la vida ascendente. La mania, es decir, el arrebato del furor dionisiaco, se decía llevaba en un vuelo al alma del poseído hacia los Montes Tracios, que representaban a una Hélade primigenia, ancestral y bárbara. En el mundo céltico nos encontramos con el héroe irlandés Cuchulain, del que se apoderaba el warp-spasm (“espasmo que deforma”, o espasmo de furia) en momentos de guerra, dándole un empuje sobrenatural. Esto, en fin, nos señala que la ira sagrada no fue exclusivo patrimonio germánico, sino que proviene de una fuente aun más antigua, y que en todos los pueblos indoeuropeos hubo círculos masculinos que cultivaban la fuerza otorgada por la furia de combate.

Los germanos, pueblo indoeuropeo procedente del sur de Escandinavia, fueron quizás los últimos europeos en cultivar abiertamente la ira sagrada de un modo tribal. El nombre del dios Wotan hace referencia directa a la furia. En alemán moderno, wut significa “ira”, en inglés moderno, wrath tiene el mismo significado, y en gótico, wods significaba “poseído”. Wotan sería, pues, la “ira de An”. An es una sílaba arquetípica; así llamaban los sumerios a su deidad principal.

La ira divina no era entonces un concepto novedoso, ni tampoco algo que haya desaparecido. Cuando algo sagrado, una canción, un paisaje, una ceremonia, una pasión, una persona, una situación, nos hacen recordar cierto instinto interior, lo que aflora es un tipo muy especial de sentimiento: la unión de furia y alegría, el sentimiento que hace que los guerreros de todos los tiempos alcen sus armas al cielo y lancen al viento sus gritos, el sentimiento dionisiaco que yace en la música y las canciones, que nos hace sentir más vivos y más poderosos, el sentimiento glorioso de honor, orgullo y contacto con lo Eterno, que acelera nuestro pulso y nos pone los pelos de punta, el sentimiento que sabemos que nadie que no sea un hombre europeo puede sentir. “Almas ardiendo”, lo llamó León Degrelle. “Fuego en la sangre”, lo podríamos llamar nosotros, como cuando se habla de ocasiones en las que “hierve la sangre”. Se trata de la llama espiritual que se opone al avance del hielo materialista y nihilista, el “ardor guerrero” del que aun hoy se canta en el himno de la Infantería.

Furor Teutonicus (Cristian Huerta)

FUENTE: http://europasoberana.blogspot.com/2013/05/soldados-de-la-bestia-los-bersekers-y.html

Wotanismo en el Mundo de Hoy

“A un hombre puedes quitarle sus dioses, pero sólo para darle otros a cambio” (C. G. Jung).

Nota: Artículo original de Ron McVann (vinlandfolkresistance.blogspot.com).

La vida es una batalla en curso entre fuerzas internas y externas. La fuerza externa todos la experimentamos cada día y compone la realidad de nuestro mundo físico. Si no hacemos nada, la fuerza externa seguirá su ciclo interminable y atemporal a pesar de todo, como lo dictan la Naturaleza y las Leyes Universales.

La fuerza interna es la esencia que motiva y manifiesta a nuestro ser, que forma nuestro carácter, que estimula el pensamiento y le da forma al mundo alrededor de nosotros. Se podría decir que la fuerza externa es el vehículo y que la fuerza interna es el conductor. La fuerza interna es el pensamiento, y es el pensamiento que crea la voluntad, que hace al hombre y que dirige la búsqueda en cada raza de hombre.

Es sólo cuando el hombre trata de rebelarse contra la Naturaleza que él entra en conflicto con la lógica de hierro de la Ley de la Naturaleza y con los principios a los cuales él mismo debe su existencia como una especie distinta. Una raza es un fenómeno de la Naturaleza, y si llegara a extinguirse, nunca podrá ser rehecha. En todas las cosas sólo los fuertes sobreviven. Ésta es la ruda y cierta realidad de la vida. Cuando se trata de la supervivencia como un grupo o individuo, sólo los fuertes sobreviven, y ¡La Fuerza Siempre Tiene la Razón!.    

Las razas del hombre pueden ser observadas en tres categorías generales: los creadores, los mantenedores y los destructores. A través de toda la Historia registrada la raza euro-aria ha mostrado el camino como los principales diseñadores creativos y constructores de las más grandes civilizaciones, con su arte y su tecnología, tanto en el hemisferio Norte como en el Sur. Ha sido el genio inventivo del euro-ario el que ha provisto al mundo de la miríada de bienes indispensables, lujos y comodidades, que hoy muy a menudo se dan por hecho. La palabra “Ario” se deriva del antiguo lenguaje indoeuropeo conocido como sánscrito, un precursor de las lenguas griega, latina y germánica. La palabra “ario” significa “noble” y es usada para describir a la gente Blanca de linaje europeo.

Siempre ha habido muchas nacionalidades diversas a través de toda la historia de la raza aria. Una nacionalidad, sin embargo, tiene menos que ver con el origen genético de alguien, y más esencialmente con las costumbres, lenguaje, carácter y localización geográfica particulares de un segmento de una raza. En algún punto de la Historia los arios se separaron en dos tribus principales y genéticamente distintas: los teutónicos y los celtas, pero estas divisiones son arbitrarias, fratricidas y un resultado de diversas circunstancias históricas e irrelevantes para toda la Humanidad aria hoy. Cuando uno habla de “raza” y “pueblo” los dos términos no siempre comparten el mismo significado. En un sentido, la raza Blanca entera podría ser considerada un pueblo (folk) por la sangre. Más precisamente, el pueblo es principalmente la unidad social de la raza, que es productora y portadora de cultura.   

Un pueblo vigoroso y unificado siempre dirigirá su principal preocupación hacia la preservación de aquellos elementos raciales primarios de la sangre que le dan a aquel grupo su identidad y su esencia. Que compartamos la misma sangre como raza no asegura que nuestros inherentes y tribales puntos de vista, identidad y perspectivas, serán necesariamente los mismos. Sea como fuere, si esperamos sobrevivir como especie es nuestra obligación moral unir todas nuestras nacionalidades euro-étnicas existentes como un pueblo pan-ario.  

Una gran idea falsa acerca de la supervivencia es que las formas superiores triunfarán. La Naturaleza ha demostrado muchas veces que esto no es verdadero. De los poderosos dinosaurios que alguna vez vagaron por la Tierra, no existe ni uno hoy. El tigre dientes de sable, con todo su poder y fuerza, pasó al olvido, pero la despreciable cucaracha sobrevivió. Los antiguos egipcios Blancos, los sumerios, los persas, los troyanos, los minoicos, los griegos, los espartanos, los romanos y los vikingos, entre muchísimas civilizaciones menores, están extinguidos ahora como pueblos y culturas únicos. 

El poder físico por sí mismo no es ninguna garantía, ni tampoco lo es la capacidad intelectual o la especie. El ingrediente clave que asegura la supervivencia de una raza es su unificada voluntad de auto-preservación y la persistente y firme conciencia de pueblo que proviene de una creencia autóctona mutua. Una creencia cohesiva DEBE ser establecida antes de que una voluntad de hierro y una conciencia colectiva de un pueblo (folk) puedan comenzar a desarrollarse.

Cualquier forma de religión o sistema de creencias que no surja naturalmente del alma de la raza, que no nazca de la sangre, destruirá al final los hilos vitales que unen a las especies con la Naturaleza y a parientes con parientes. Una raza sin un mito étnico y sin una creencia espiritual cohesiva, se mueve sin rumbo fijo a través de la Historia. Las más poderosas civilizaciones arias del mundo permanecieron fuertes sólo mientras estuvieron unidas y orgullosas como pueblos y culturas. En el momento en que ellas ignoraron esta lógica de la Naturaleza, toda aquella grandeza y gloria, los mismos ingredientes que elevan al hombre hacia lo divino, se fueron abajo como polvo y nada. Hoy todavía vemos los restos que quedan de esos Imperios desvanecidos, y suspiramos de admiración por el esplendor y la riqueza de aquellos tiempos distantes.  

Los arios durante miles de años, lejos en la Prehistoria, siempre tuvieron sus dioses indígenas. Esos dioses eran una parte integral de la gente, y daban propósito, significado, unidad y conciencia colectiva a la civilización. El origen de WOTAN entre la gente aria se pierde en la Prehistoria, pero su popularidad a través de toda Europa del Norte comenzó a desarrollarse alrededor de 300 a.C., sustituyendo a antiguos altos dioses patriarcales como Mimir, Tyr, Poseidón, Atlas y otros por el estilo.  

Wotan es el nombre teutónico para el alto dios a quien los nórdicos llamaban Odin y los anglosajones llamaban Woden. El Wotanismo (a menudo llamado Odinismo o Asatru) difundió una enseñanza de una religión basada en la Naturaleza y condujo a un modo de vida que puso para sí un objetivo final de traer a la existencia una raza única y noble y que expulsó a los intrusos romanos universalistas de una vez para siempre en el Rin bajo el gran líder teutónico Hermann (Arminius).   

El Wotanismo siempre ha colocado un alto valor en la libertad e individualidad humanas. El Wotanismo nunca fue una religión misionera; era más bien una religión que gradualmente evolucionó entre nuestra gente a través de innumerables generaciones. La religiosidad indoeuropea no es esclavitud. El Wotanismo no contiene ninguna de las súplicas de un esclavo oprimido a su vengativo y todopoderoso amo inclinado de rodillas, sino que es más bien la confiada realización de una comunidad que comprende tanto a dioses como a hombres que viven en armonía.    

El Wotanismo siempre ha enseñado el coraje y la intrepidez en la batalla. Los dioses de Asgard están siempre cercanos y sirven como consejeros que son capaces de conducir a nuestros hombres y mujeres arios hacia la grandeza. Mediante una acción heroica un Wotanista podría tomar su vida en sus manos y ser un amo de su propia alma. Los grandes regalos de los dioses dados al hombre eran una preparación para afrontar el mundo como éste era, el conocimiento y la auto-confianza que sostiene a los hombres en lugares apremiantes, y la impertinencia para ganar aquella gloria que puede ella sola sobrevivir a la muerte.  

El Wotanismo siguió prosperando durante muchos siglos en Europa del Norte y se hizo eternamente popular a través de toda la Era Vikinga entre 800 y 1100 d.C. La época vikinga fue altamente significativa, ya que fue el último impulso importante de los pueblos arios para ser políticamente independientes y permanecer soberanos ante la influencia de la foránea religión semítica del judeo-cristianismo.    

Cuando la Edad Vikinga alcanzó su crepúsculo, el Wotanismo pareció abandonar la escena de la Historia mundial. A medida que la intolerante conversión judeo-cristiana afirmaba su dominación a través de Europa y otras partes del mundo, el Wotanismo junto con la mayor parte de todas las religiones paganas fueron forzados a pasar a la clandestinidad a punta de espada. Muchos de los antiguos sagrados santuarios y los Eddas fueron destruídos y borrados completamente de nuestra herencia. Afortunadamente, algo de la historia y de los mitos arcanos fue salvado por circunspectos eruditos y posteriormente conservado en nuestro folklore. 

Carl Jung, iluminado por los escritos del autor alemán Bruno Goetz, declaró: “Wotan desapareció cuando sus robles cayeron, y apareció otra vez cuando el dios cristiano demostró ser demasiado débil para salvar a la cristiandad de la matanza fratricida”.

“El pensamiento es la función. La vida es el funcionario. La corriente se retira a su fuente. Una gran alma será fuerte para vivir, así como fuerte para pensar” (Ralph Waldo Emerson).

El Wotanismo regresó de manera influyente entre los pueblos germánicos al final del siglo XIX y se hizo manifiesto durante la Primera y la Segunda Guerra Mundial. Un mito nuevo pero antiguo se estaba desarrollando, un mito de la sangre, y comenzó a revivir la luz, el orden, el espíritu y la calidad de folk otra vez dentro de la raza aria. El honorable psicólogo suizo y reconocido fundador de la psicología analítica profesor Carl Gustav Jung declaró que “El poder de Wotan (la deidad principal de nuestros antepasados pre-cristianos) estaba poseyendo a, o encarnándose en, el pueblo alemán entero”.

El profesor Jung posteriormente declaró en una carta a su amigo Miguel Serrano en 1960 que “Wotan en realidad nunca murió sino que ha retenido su vitalidad y autonomía original. Nuestra conciencia sólo imagina que ella ha perdido a sus dioses; en realidad, ellos están todavía allí y sólo se necesita una cierta condición general para traerlos de vuelta con toda su fuerza”.

El Wotanismo siempre permanecerá como la verdadera herencia espiritual de la Humanidad aria. El espíritu de Wotan, sea consciente o inconsciente, es una parte del carácter físico y mental de cada hombre, mujer y niño Blancos, y es tan antiguo en su esencia como la raza aria misma. El Diccionario Islandés de Oxford define a Odín (Wotan) de esta manera: “El nombre de Odín hace alusión a la mente o al pensamiento, y a la respiración; son los poderes acelerantes y creativos; denota a la omnipresente divinidad espiritual”.    

Dioses como Wotan, Tyr, Thor, Baldur y la diosa Freyja, Nerthus y otros, todos representan y personifican diversos aspectos de la Naturaleza y un camino a una evolución más alta. Tal como nuestros arquetipos espirituales, ellos también representan las leyes primordiales, las fuerzas naturales y las muchas diversas características del hombre. El valor respirado en un dios o héroe es lo que es eterno en el bien y el mal. 

“Ahora el hombre está avergonzado de sí mismo; él se esconde y se mueve sigilosamente por el mundo, para ser tolerado, para ser compadecido, y apenas en mil años algún hombre se atreve a ser sabio y bueno, y así consigue para él las lágrimas y las bendiciones de sus congéneres” (Ralph Waldo Emerson).

Una mente que sólo comprende de manera literal, piensa en los dioses como entidades biológicas que existen por sí mismas, o bien los considera como invenciones truculentas o supersticiosas. Esto, sin embargo, no quiere decir que esos dioses de nuestro pueblo no posean un carácter formidable, una presencia, una forma, una realidad o un poder que nuestros antepasados les habían atribuído en forma legítima. Wotan produce efectos en el pensamiento colectivo y en la vida de la raza Blanca y de ese modo revela su propia naturaleza.     

Por cuanto el comportamiento de una raza toma un carácter específico a partir de su comprensión de sus dioses, imágenes y símbolos, podemos hablar de un arquetipo Wotan como un factor psíquico autónomo que conduce y guía la voluntad de nuestra gente, tal como lo hace el Logos Divino o el gran Dios de la Creación que reina sobre toda la Humanidad.     

Incluso si nuestros parientes de raza llegan a ser parte de otra cultura extranjera, ellos todavía son llamados profundamente dentro por sus propios dioses de la sangre. La foránea religión judeo-cristiana sólo podría sobrevivir en el mundo occidental mientras retenga las costumbres, las ceremonias, las celebraciones, la etnicidad y la ética ario-paganas. Un pueblo está perdido como tal si, al revisar su historia y al poner a prueba su “voluntad de futuro”, ellos no pueden experimentar la unidad racial. La verdadera espiritualidad étnica de alguien no puede ser totalmente aislada, ya que trabaja no sólo en el cuerpo de una raza sino sobre su espíritu y su voluntad, que es la expresión del alma de la raza.    

Wotan, como la eterna imagen reflejada de los poderes espirituales primordiales del hombre ario, vive dentro de nosotros hoy al igual que lo hizo hace 5.000 años. El concepto de Wotan no existiría si nuestra alma y sangre no existieran. Los dioses no son sólo una parte viva de nosotros, sino que están insertos en nuestro ADN y son transmitidos de generación en generación. W.O.T.A.N. como una sigla puede ser expresado de manera correcta como la voluntad de la nación aria (Will Of The Aryan Nation).   

El Wotanista practicante de hoy puede desarrollarse individualmente o en un grupo, lo que es comúnmente referido como un “kindred” (un grupo de gente emparentada). El tamaño de un kindred puede variar desde dos miembros a una comunidad entera. Cada acontecimiento o ceremonia en un kindred es conducido por un Godi Gothi, que sirve como el consagrado sacerdote de Wotan. Una sacerdotisa femenina (Gydja) tiene las mismas funciones que un Gothi. Los kindreds muy a menudo tienen el ciclo tradicional de celebraciones estacionales. Una vez al año, los kindreds de una región general conducirán un “Althing”, una costumbre tradicional de nuestros antepasados europeos del Norte en la cual una asamblea de kindredsse reúne para celebrar y determinar también todos los asuntos y diferencias legales que pueden haber ocurrido durante el año anterior.     

Los Wotanistas creen que una revolución espiritual y folkish debe ocurrir que le ponga fin a las ideologías destructivas, a la apatía, a la decadencia moral y espiritual que se ha convertido en el cáncer de nuestro moderno mundo materialista consumista occidental. El Wotanismo no está destinado a ser una retirada desde nuestra vida actual hacia nuestro pasado ancestral, pues sus conceptos son eternos y se aplican tanto hoy como se aplicaron a nuestros antepasados a través de toda la Historia. ¡Un roble es sólo tan fuerte como sus raíces!.     

Este escrito Wotanista fue creado con la sincera esperanza de que la raza aria por todo el mundo pueda llegar a entender el significado de nuestro carácter de nación y el verdadero espíritu e importancia de nuestro ser ancestral étnico, nuestras creencias y herencia. Vivimos en un tiempo de extremo y crucial desafío. Nunca en toda la Historia escrita la suma total de nuestra herencia y supervivencia como especie ha estado tan vitalmente amenazada. La raza Blanca de hoy compone entre el 8 y el 10% de la población mundial, y aproximadamente el 2% son mujeres Blancas en edad de procrear o más jóvenes.    

La supervivencia de nuestra raza está en juego como nunca antes; esta sombría realidad no se marchará por sí misma. En la Ley de la Naturaleza no hay favoritos, los fuertes sobreviven y los débiles perecen, la fuerza es lo correcto, luchar o morir, hundirse o nadar, es muy simple. La Naturaleza no perdona la debilidad. Que hayamos sobrevivido tanto tiempo como especie se debe a los esfuerzos de voluntad de hierro de nuestros antepasados que lucharon en todo momento y obedecieron las Leyes de la Naturaleza que preservan al pueblo. Todo lo que somos ahora y lo que podemos esperar alguna vez convertirnos en el camino ascendente de nuestra especie puede ser resumido en una simple sigla, O.R.I.O.N. (Our Race Is Our Nation, Nuestra Raza Es Nuestra Nación).  

El resurgimiento del antiguo aunque nuevo mito del Wotanismo ya impulsa y enriquece a mucha de nuestra gente aria por todo el mundo. Mediante el Wotanismo la supervivencia y la dignidad de nuestra rica herencia son entregadas en vuestras manos. ¡Un Credo de Hierro!. ¡Consérvelo! Cae con usted, se elevará con usted. ¡Mientras un pueblo viva, sus dioses son inmortales! Pueda Wotan y el camino Wotanista convertirse en el símbolo de despertar en vuestra búsqueda personal y en una voluntad unida y vigorosa de nuestra gente.–

Wotan como arquetipo.

FUENTE: http://editorial-streicher.blogspot.com/2016/08/ron-mcvan-de-soles-y-wotanismo-actual.html?m=1

Los Dioses Esperan en las Sombras

¿No habéis oído hablar de aquel hombre frenético que justo antes de la claridad del mediodía encendió una lámpara, corrió al mercado y no dejaba de gritar: «¡Busco a Dios, busco a Dios!»? —Allí estaban congregados muchos de los que precisamente no creían en Dios, provocando una gran carcajada. «¿Acaso se ha perdido?», dijo uno. «¿Se ha extraviado como un niño?», dijo otro. «¿O es que se ha escondido? ¿Nos tiene miedo? ¿Se ha hecho a la mar en un barco? ¿Ha emigrado?»—así chillaban y reían sin orden alguno. El hombre frenético saltó en medio de ellos, atravesándolos con la mirada. «¿Adónde ha ido Dios?», gritó, «¡yo os lo voy a decir! ¿Nosotros lo hemos matado —vosotros y yo! ¡todos nosotros somos sus asesinos! ¿Pero cómo hemos hecho esto? ¿Cómo fuimos capaces de bebernos el mar hasta la última gota? ¿quién nos dio la esponja para borrar todo el horizonte? ¿qué hicimos cuando desencadenamos esta tierra de su sol? ¿Hacia dónde se mueve ahora? ¿Hacia dónde nos movemos nosotros? ¿Lejos de todos los soles? ¿No caemos continuamente? ¿Y hacia atrás, hacia los lados, hacia adelante, hacia todos los lados? ¿Hay aún arriba y abajo? ¿No vagamos como a través de una nada infinita? ¿No sentimos el alentar del espacio vacío? ¿No se ha vuelto todo más frío? ¿No llega continuamente la oscuridad y más oscuridad? ¿No tendrían que encenderse lámparas a mediodía? ¿No escuchamos aún nada del ruido de los sepultureros que entierran a Dios? ¿No olemos aún nada de la putrefacción divina? —También los dioses se descomponen. ¡Dios ha muerto! ¡Dios sigue muerto! ¡Y nosotros lo hemos matado! ¿Cómo nos consolaremos los asesinos de todos los asesinos? Lo más sagrado y lo más poderoso que hasta ahora poseía el mundo, sangra bajo nuestro cuchillos —¿quién nos enjuagará esta sangre? ¿Con qué agua lustral podremos limpiarnos? ¿Qué fiestas expiatorias, qué juegos sagrados tendremos que inventar? ¿No es la grandeza de este hecho demasiado grande para nosotros? ¿No hemos de convertirnos nosotros mismos en dioses, sólo para estar a su altura? ¡Nunca hubo un hecho más grande —todo aquel que nazca después de nosotros, pertenece a causa de este hecho a una historia superior que todas las historias existentes hasta ahora!» Aquí calló el hombre frenético y miró nuevamente a sus oyentes: también éstos callaban y lo miraban extrañados. Finalmente, lanzó su lámpara al suelo, rompiéndose en pedazos y se apagó. «Llego demasiado pronto —dijo entonces—, mi tiempo todavía no ha llegado. Este enorme acontecimiento aún está en camino y deambula —aún no ha penetrado en los oídos de los hombres. El rayo y el trueno necesitan tiempo, la luz de las estrellas necesita tiempo, los hechos necesitan tiempo, aun después de que hayan ocurrido, para ser vistos y escuchados.» Esta acción les está todavía más lejana que los astros más lejanos —«¡y sin embargo, ellos mismos la han llevado a cabo!». —Se cuenta además que, ese mismo día, el hombre frenético irrumpió en diferentes iglesias y entonó su Requiem aeternam Deo [Descanso eterno para Dios]. Conducido fuera de ellas y conminado a hablar, sólo respondió una y otra vez: «¿Qué son, pues, estas iglesias sino las tumbas y sepulcros de Dios?»”.

(La gaya ciencia – Friedrich Nietzsche, 1882)

Wotan

¿Por qué la Religión Europea?

La religión europea nativa, sus tradiciones, costumbres, cultura y cosmovisión, es conocida con matices ligeramente diferentes por toda la Europa antigua. Esta religión pagana es la religión de nuestra sangre y suelo, y así como la mente no puede ser separada del cuerpo, esta religión no puede ser separada de nosotros; sin ella dejaremos de existir. Sin ella moriremos tal y como lo hacemos en nuestros días porque no la practicamos. Con la reintroducción de la religión europea comenzaremos a vivir como lo hacíamos antes, en armonía con nosotros mismos y con nuestro entorno, y seremos capaces de cultivar nuestras peculiaridades raciales, conocidas por haber alumbrado la filosofía, las matemáticas, la arquitectura, música bella, las esculturas, pinturas, poesía, medicina, astronomía y toda clase de tecnología.

Ceremonia religiosa europea.

La religión europea no promueve ningún “Paraíso” extraterrenal y ficticio como objetivo final de todo hombre individual, sino, en vez de eso, la vida eterna en la tierra de los antepasados, y la inmortalidad por medio del Honor. No hay desprecio por la Tierra, ni una descripción de la Tierra como algo que tengas que “soportar” o “tolerar” hasta que puedas mudarte a algún lugar mejor. La religión europea promueve la Tierra y la vida en la Tierra como algo buenovalioso y significativo, y considera la vida Honorable como el mayor ideal. La vida se vive teniendo en mente la mejora de todo , la preservación de lo bueno y la promoción del Honor: el Pagano Honorable europeo vive su vida sabiendo – o si lo prefieres creyendo – que él mismo renacerá por medio de sus propios hijos o nietos después de haber muerto, así que procurará hacer que su vida sea tan buena como sea posible para aquellos que vendrán después que él. No agotará los recursos ni cortará bosques enteros para beneficiarse, porque sabe que él mismo los necesitará en su vida siguiente. Todo lo que haga bien en esta vida será su propio beneficio en su siguiente vida, y él sólo renacerá si vive y muere con Honor.

La Religión Europea no es sólo nuestra religión; ¡es la quintaesencia del hombre europeo!. ¡La mente y el espíritu de Europa!. Sin la Religión Europea, el hombre europeo es como una computadora sin software (p.ej. un ateo), o con un software que no es compatible o sólo lo es parcialmente con el hardware (p.ej. budista) o incluso con un software malicioso (como un virus) que trabaja para destruir todo por dentro (p.ej. un cristiano o musulmán). No funciona adecuadamente, si acaso lo hace, y se colgará. Reinícialo si quieres, cada vez que se cuelgue, pero estate preparado para que se cuelgue de nuevo y que siga haciéndolo hasta que elimines todos los virus e instales el software adecuado. Puedes hacerlo. Todo lo que necesitas está aquí, en los post de este blog.

FUENTE: https://hermandadpagana.wordpress.com/2014/06/09/por-que-la-religion-europea/.